sábado, 10 de enero de 2026

Gabriele Münter: la mujer que salvó el arte moderno del nazismo

 

Gabriele Münter:

la mujer que salvó el arte moderno del nazismo

 


La historia del arte está llena de grandes mujeres artistas, pero muchas no han sido reconocidas hasta fechas muy recientes. Este es el caso de Gabriele Münter, una pionera del arte moderno que durante mucho tiempo ha estado relegada a un segundo plano.

La reivindicación de las mujeres artistas, junto con una película que reconstruye su relación con el también pintor Wassily Kandinsky, han puesto a esta pintora alemana en el lugar que merece.

Afortunadamente, hoy sabemos que Gabriele Münter no fue una figura secundaria del arte moderno, sino una artista con personalidad propia, cuya libertad artística contribuyó a modernizar la historia de la pintura.

Primero la fotografía

Antes de dedicarse plenamente a la pintura, Münter mostró un gran interés por la fotografía. La joven alemana se interesó por esta técnica durante un viaje realizado entre 1898 y 1900 por los estados de Texas, Missouri y Arkansas.

Allí captó la realidad estadounidense con su cámara Kodak Bull’s Eye No. 2, con la que hizo unas 400 fotografías de paisajes y escenas cotidianas, además de retratos, que destacan por su composición cuidada y una mirada íntima y directa.

La fotografía sentaría la base de una mirada personal y única que más tarde plasmaría en sus pinturas.


Una mujer moderna

Gabriele Münter vivió en una época en la que las mujeres estaban excluidas de las academias oficiales. Pero esto no le impidió tirar adelante con su deseo de aprender a pintar.

Para ello se inscribió en una escuela privada de dibujo para mujeres en Múnich, una actividad que compaginó con otras actividades, como la natación, ciclismo, que denotan que era una mujer moderna e independiente.

Kandinsky, compañero y mentor

Tras su paso por la escuela femenina, se apuntó en la escuela Phalanx. Allí conocería a una de las figuras más relevantes de su carrera, el también pintor Wassily Kandinsky. Considerado uno de los padres del arte abstracto, Kandinsky sería para Münter más que su maestro, pues se convertiría en su pareja y mentor.

Entre 1904 y 1908, los dos artistas viajaron por Europa y el norte de África, antes de establecerse durante un año en París.

Una ciudad para los artistas

A su regreso a Alemania, Münter y Kandinsky descubrieron el pequeño pueblo bávaro de Murnau, un lugar que pronto se convertiría en el escenario de una revolución artística. Lejos de las normas académicas y de la vida urbana, en Murnau encontraron un entorno natural y una vida sencilla que favorecieron la experimentación y la libertad creativa.

En el pequeño pueblo del sur de Alemania se crearía un grupo de artistas que compartían con ellos el afán de renovación. Así se empezó a desarrollar un lenguaje pictórico basado en el color intenso, la simplificación de las formas y la expresión directa de la experiencia vivida.

Todo ello se plasmaría en una nueva corriente artística que cristalizó en la creación del grupo Der Blaue Reiter (El caballero azul), todo un referente del arte expresionista.

Una voz propia

La historia ha otorgado un gran protagonismo a Kandinsky y ha olvidado que, en Murnau, Gabriele Münter también encontró su propia voz como artista. El contacto directo con el paisaje, la arquitectura popular y la vida cotidiana del pueblo la llevaron a buscar una pintura esencial, despojada de artificios académicos.

Fue allí, pues, donde la artista aprendió a confiar en la intuición y en la fuerza expresiva del color y convirtió la pintura en una experiencia inmediata y vital. Así se puede observar en sus obras, auténticos momentos de vida captados con gran intensidad.

Ruptura y reinvención

Tras diez años de relación, Münter rompió con Kandinsky. Pero este momento doloroso sirvió también como palanca para su reinvención. Tras la ruptura viajó a Zúrich y Escandinavia, donde pintó grandes retratos de mujeres.

En 1929 se trasladó a París, donde recuperó su libertad creativa y su independencia y donde encontró su madurez como artista.

Resistencia durante el nazismo


Con la llegada de los nazis al poder, la pintura abstracta sería calificada de arte “degenerado”. Aun así, Münter actuó con determinación para proteger el patrimonio del movimiento expresionista.

 En Murnau ocultó cientos de obras en el sótano de su casa, salvando un legado incalculable. Junto a Johannes Eichner, presentó parte de su obra como “arte folklórico e ingenuo” para eludir la censura y continuar exponiendo. Münter se convirtió así en la guardiana del arte moderno europeo.

En 1957 donó más de 1000 obras del Caballero Azul a Múnich, lo que se