miércoles, 8 de julio de 2026

Mercer Madrid. Un hotel entre museos, jardines y memoria urbana

 

Mercer Madrid. Un hotel entre museos, jardines y memoria urbana

Patrizia Muller

 


Pocas ciudades europeas mantienen una relación tan estrecha entre arte y espacio público como Madrid. Museos, paseos arbolados y edificios históricos forman una geografía cultural que se descubre caminando. En pleno barrio de los Jerónimos, Mercer Madrid encuentra su lugar dentro de ese paisaje y lo transforma en una experiencia de hospitalidad contemporánea.

Mercer Madrid: un edificio con más de un siglo de historia


El eje formado por el Paseo del Prado, el Retiro y los grandes museos nacionales no constituye únicamente una concentración excepcional de patrimonio; también propone una manera particular de habitar la ciudad. Caminar entre el Museo del Prado, el Thyssen-Bornemisza o el Jardín Botánico significa atravesar capas sucesivas de historia. No resulta extraño que Mercer Hoteles haya elegido precisamente este entorno para su desembarco en la capital. Situado en la calle Ruiz de Alarcón, a escasos metros de algunos de los principales hitos culturales madrileños, Mercer Madrid establece una relación directa con uno de los paisajes urbanos más valiosos de España.


El hotel ocupa la antigua sede de la Sociedad General Azucarera de España, un edificio proyectado en 1905 por Enrique María Repullés y Vargas, arquitecto responsable de algunas de las obras más representativas de la construcción institucional española de finales del siglo XIX y principios del XX. Su trabajo forma parte de una generación que ayudó a definir la imagen de una capital en pleno proceso de modernización.

La rehabilitación, desarrollada en colaboración con la Dirección General de Patrimonio del Estado, ha preservado numerosos elementos originales que permiten comprender la biografía del inmueble sin convertirlo en una pieza congelada en el tiempo. Molduras, elementos ornamentales, proporciones originales y diversos detalles constructivos han sido conservados para mantener legible la identidad.

El pasado permanece visible, pero integrado en una nueva forma, con un resultado permite comprender la biografía del edificio mientras se adapta a nuevas formas de uso y hospitalidad.

El diseño como continuidad


El interiorismo desarrollado por Andreu Carulla profundiza en esa misma idea de continuidad. Lejos de imponer una estética ajena al lugar, el diseñador construye un lenguaje que establece vínculos con la memoria de la antigua Azucarera y con el carácter arquitectónico del edificio. Carpinterías de nogal, suelos de roble, granito Rosavel y molduras conforman una paleta material donde tradición y contemporaneidad conviven con naturalidad. La intervención evita los contrastes estridentes y apuesta por una atmósfera serena, marcada por la calidad táctil de los materiales y una atención minuciosa al detalle.  Esa aproximación resulta especialmente pertinente en un barrio como los Jerónimos, donde la edificación histórica forma parte inseparable de la experiencia urbana. Mercer Madrid no intenta competir con el entorno ni convertirse en un objeto autónomo.


Asimismo, la propuesta se completa con una amplia oferta de bienestar que incorpora spa, zona de aguas, cabinas de tratamiento y gimnasio abierto las veinticuatro horas. Espacios concebidos para desacelerar el ritmo de una ciudad que, pese a su creciente dinamismo internacional, conserva todavía una escala humana poco frecuente entre las grandes capitales europeas. La gastronomía ocupa igualmente un lugar destacado. El chef Eneko Atxa traslada a La Sociedad Gastronomika una cocina profundamente vinculada al territorio, la estacionalidad y la memoria culinaria. Y, a pocos metros, Dry Martini, dirigido por Javier de las Muelas, aporta una visión refinada de la coctelería contemporánea y prolonga una tradición que ha situado a España entre los referentes internacionales de la mixología.

 

martes, 30 de junio de 2026

Los niños traviesos de Goya

 

Los niños traviesos de Goya desempolvan una joya oculta en Madrid: seis cuadros únicos y una colección inesperada


El Museo de Historia reúne la serie completa 'Juegos de niños' junto a 54 lienzos de escuelas española, flamenca e italiana: está abierta al público hasta el 23 de septiembre

 

En los cuadros de Francisco de Goya los niños no posan: corren, se retan, improvisan guerras y convierten la calle en un teatro de aventuras.


 Esa infancia en movimiento es el corazón más luminoso de Goya y las escuelas flamenca e italiana, la exposición que el Museo de Historia de Madrid dedica a una colección tan valiosa como poco conocida. La muestra, que estará abierta hasta el 23 de septiembre, arranca con una rareza capaz de atraer por sí sola la visita: la serie completa de los seis óleos que pintó entre 1775 y 1785 bajo la denominación Juegos de niños. Son piezas pequeñas, de idéntico formato, pero su escala no reduce su intensidad. En esos lienzos caben el juego de soldados, el toro fingido, la disputa por unas castañas y la búsqueda de nidos entre ruinas. Goya observa la infancia sin almíbar, con ternura y picardía.


La exposición no se limita al magnetismo del pintor aragonés. A su alrededor se despliega un conjunto de 54 lienzos, tres bustos y objetos de época que permiten leer la colección como una pequeña historia del gusto, la memoria familiar y el coleccionismo en Madrid.