Un día de verano de...
Gala y Dalí, amores y odios en el verano más célebre de los
surrealistas
La visita de los Eluard, los Magritte y Buñuel al pintor en
agosto de 1929 fue un auténtico terremoto emocional que marcó a fuego la vida
de todos los implicados
Carlos Sala
¿Cuánto duran los amores de verano? Algunos, pocos, pero
otros, toda la vida. ¿Cuánto duran los odios de verano? Según un proverbio
ovambo, ni siquiera la muerte los calma, permanecen en el tiempo hasta que lo
engullen todo. Así de intensa fue la primera semana de agosto en los escarpados
caminos que van entre Cadaqués y Portlligat, cuando Dalí ve a Gala por primera
vez. Desde entonces se convierte en su único centro, una obsesión ciega que
arrasará con todo lo demás.
Estamos en los calurosos primeros días de agosto y llegan a
Cadaqués el galerista Camille Goemans con su pareja, Yvonne Bernard, así como
el pintor René Magritte y su mujer, Georgette. Las parejas se instalan en un
piso alquilado cercano al domicilio de Dalí. Poco después llegará el poeta Paul
Eluard con su mujer, Gala, y su hija de once años, Cécile. Éstos se hospedarán
en el hotel Miramar, hoy llamado La Residencia. Todos quedarán en una la playa
des Llané, en Port Lligat, junto al domicilio familiar de los Dalí. Ese será el
momento en que el pintor verá por primera vez a Gala, en bañador, y su obsesión
se encenderá para siempre.
¿Qué hará el grupo esos días de agosto? Lo mismo que haría
cualquier grupo de amigos, tomarán el sol en las pequeñas calas de los
alrededores, se bañarán en las aguas cálidas del Mediterráneo y se harán bromas
unos a otros. Por la tarde pasearán por el pueblo, beberán, comerán y
discutirán con pasión sobre los temas del momento: Freud, los sueños, el futuro
del movimiento surrealista o sus propias creaciones. En realidad, Dalí, si no
está presente Gala y puede cortejarla, prefiere centrarse en su trabajo,
enfrascado en la realización del cuadro 'El juego lúgubre', donde recopila sus
obsesiones de infancia como un saltamontes, un burro podrido y otros animales
cubiertos de excrementos.
Según cuenta el historiador Ian Gibson en 'La desaforada
vida de Salvador Dalí' (Anagrama), Dalí estaba muy nervioso los días previos a
la llegada de la comitiva porque ya conocía a Gala de fotos y no podía esperar
a conocerla. Eluard solía llevar fotografías de Gala desnuda en su cartera y es
más que probable que enseñase alguna en París a un impresionable Dalí. Una vez
sabe que Gala vendrá a Cadaqués, el pintor decide montar una especial puesta en
escena para impresionarla. Las primeras impresiones son importantes. Así que
rocía su cuerpo con una mezcla de cola de pescado, aceite y perfumes cuyo hedor
tumbará a todo el mundo, pero que Gala no tendrá muy en cuenta. Porque las
primeras impresiones no son tan importantes, después de todo.
Lo cierto es que Dalí parece hechizado. El hecho de tener a
Gala ahora en carne y hueso es superior a sus fuerzas y algo hace 'clic' en la
imaginación del pintor surrealista. A partir de entonces sólo existirá Gala.
Todo lo demás desaparecerá. Después de aquel primer encuentro en la playa,
abandonará sus experimentos olfativos e intentará llamar la atención de la
mujer de Eluard de múltiples formas. Al principio, sin éxito, pero en la cabeza
de Dalí no hay alternativas, no existe una vida que no lo lleve a los brazos de
aquella mujer y el cortejo evolucionará hasta que Gala caiga en una misma
obsesión.
«Dalí cambió de la noche a la mañana. No hablaba más que de
Gala... Una transformación total»
Lo más extraordinario del tema es que, hasta entonces, Dalí
no tiene relaciones con mujeres y sus amigos y conocidos le tienen por un joven
de 25 años asexual y displicente. Eluard y Gala mantienen una relación abierta
desde hace tiempo y no existe un ataque de celos por parte del poeta, aunque sí
que crecerá en su interior cierto resentimiento cuando vea que ha de marcharse
de vuelta a París, pero que su mujer decide quedarse en Cadaqués con Dalí. Los
surrealistas son muy modernos y amorales, hasta que les tocan su amor propio,
como todos. A principios de septiembre él se marcha. No tardarán mucho en
divorciarse.
Pero esta historia tiene una segunda parte. Tal y como
recuerda el periodista Víctor Fernández, el experto en Lorca y Dalí, al grupo
se le unirá Luis Buñuel. Después del éxito de 'El perro andaluz', el cineasta
viene a ver a su amigo para que le ayude con su siguiente proyecto, 'La edad de
oro'. Sin embargo, ante su sorpresa, Dalí ha cambiado. No es el mismo joven
ambicioso y con talento que quiere poner patas arriba el mundo del arte. Ahora
no le importa nada del cine, ni el surrealismo. Lo único que hace es hablar de
Gala.
Surrealismo y pasión desbordada
Buñuel intentará hablar con Dalí, pero le será imposible y
la frustración crecerá y crecerá en un grupo cada vez con más grietas. El
momento llegará a un punto sin retorno cuando Buñuel, en una de las comidas del
grupo, explota y salta sobre Gala. Todos han bebido de más y la todavía mujer
de Paul Eluard deja en evidencia a Buñel delante de los demás. El orgullo
aragonés del cineasta no lo puede soportar: la empujará al suelo y la agarrará
del cuello, tal y como confesó en 'El último suspiro' (Booket). Dalí, de
rodillas, le ruega que pare. La situación llega a tal extremo que la hija de
Gala, Cécile, se marchará corriendo asustada. El cineasta, al ver esto, suelta
a la mujer, que consigue coger aire y apartarse, abrazándose al pintor. La
amistad entre Buñuel y Dalí estará rota para siempre.
Cuando llegue septiembre, Eluard abandonará Cadaqués con su
hija y Gala comenzará una relación con el pintor que no se romperá hasta su
muerte 53 años después. Amores, egoísmos, celos, represión, odios, traiciones,
el surrealismo sólo exacerba las emociones humanas, pero no ofrece nada
diferente y pronto caerá en la mercantilización y el olvido. Y todo empezó y
acabó en ese agosto de 1929.