sábado, 6 de junio de 2020
viernes, 5 de junio de 2020
6 de JUNIO 1944 - Desembarco de Normandía
1944: en el marco de la Segunda Guerra Mundial se produce el
Desembarco de Normandía, conocido popularmente como Día D.
El 6 de junio de 1944, en plena Segunda Guerra Mundial, dio
comienzo la Operación Overlord, que consistía en un masivo desembarco por parte
de las fuerzas aliadas (entre los que se encontraban la propia Gran Bretaña,
Estados Unidos, Canadá, Polonia y exiliados españoles) en las playas de
Normandía (Francia) para frenar el avance del ejército alemán.

jueves, 4 de junio de 2020
El dibujo como conjuro Melé Bruniard
El dibujo
como conjuro Melé Bruniard es una artista reconocida por sus grabados
A través de su obra fundó un universo muy
particular
Ahora un libro rescata otra faceta de su
producción
Mele
Bruniard convoca una vez más a su comarca.
Mele
Bruniard nació en Reconquista. Pero decirlo así es tan sólo citar un lugar
geográfico, una referencia biográfica. Ese territorio es el lugar donde nació
su ansiedad visual. Un escenario fuerte, intenso. Una tierra que fue habitada
por guaraníes, tobas y abipones. "El lugar tiene lo suyo porque es una
zona de mucha fuerza telúrica", comentó a La Capital en un reportaje
publicado en julio de 2012. Ella tejió un vínculo con esa comarca en esos días
de infancia que engarzó una forma de ver, de imaginar y de expresar y que
acompaña toda su producción. Reconocida a nivel local y nacional por sus
grabados, ahora un libro acerca dibujos suyos, donde ese territorio toma
espesura, una vez más, y obliga a mirar en detalle.
Ditado por Iván Rosado —y bajo el cuidado de su
esposo, Eduardo Serón— Mele Bruniard. Dibujos reúne treinta obras de la
artista, publicadas por primera vez. Desde la crítica la valoraron como una
revelación.
Pero
entonces, y ante este flamante libro que comenzará a distribuirse a mediados de
febrero, bien vale preguntarse por qué produjeron revuelo. El universo de
Bruniard es conocido por su abundante obra de grabado. Pero poco se conocían
sus dibujos. Sí su pasión por las líneas. Ella siempre dibujó. Es más, en el
principio de todos los tiempos, siempre estuvo el dibujo.
Ese
territorio fundado en la infancia de Bruniard tiene en su núcleo el jardín de
su casa de Reconquista, una suerte de paraíso mezclado con selva, donde su
imaginación encontró extrañas criaturas, animales prehistóricos y seres
animados por su particular mirada.
Me acuerdo
de la experiencia que tuve de chiquita en el jardín de la casa —explicó la
artista—. Era un jardín de cuarto de manzana, con muchos árboles. Teníamos
pomelos, mandarinas, naranjas, un granado enorme, gallinas, pavos, un mundo de
animales. Y yo me la pasaba con el viejo jardinero, un inmigrante de Italia. Yo
recorría el jardín, tomaba las hojas, las pelaba. Contra la calle había una
alambrada y teníamos ligustro cerrando el jardín. Me quedaba la hoja de
ligustro pelada, con todos los nervios, parecía un arbolito. Muchos años
después, en un cuadro de Magritte, con tres árboles, los troncos desnudos, vi
mis arbolitos de chica. Entonces era mirar todo: la forma de la rosa, de las
flores, las estrellas federales. Era un país encantado. Todo eso se incorporó a
mí".
sa suerte de
cosmogonía acompaña los grabados de Bruniard y toma especial importancia en los
trazos de sus dibujos. No son ingenuos en tanto su mirada los cruza con algo
que está más allá de una observación simple, literal. Están sus lunas y sus
soles pero a veces son tan sólo un redondel negro que extrañamente ilumina algo
de lo que se ve o permite sospechar aquello que se esconde.
Yo soy
figurativa, pero no copio la realidad, yo tengo mi realidad. Como dice Mumford,
el artista siente la necesidad de contar al mundo su mundo", Y esa frase
se replica en cada página del libro. Quizá su mano, con cada trazó, retomó el
consejo de quien fue su maestro en grabado, Juan Grela: "Dibujen todo lo
que hay en el mundo. Pero mírenlo". A lo que ella agregó: "La
cuestión es mirar a través de la línea".
sa línea es
su pulso. Marca en forma indeleble, con sus pinceles y plumines, su mundo. Y
como ama el mar repara en caracoles y en un supuesto acuario antiguo donde
rescata en detalle animales que emparentan sus trazos con aquellas
ilustraciones que solían poblar las enciclopedias. Pero también ante su mirada
se muestra un trozo de madera que explota en sus tramas y texturas hasta
transformarse en otra cosa.
Ella fue
profesora de dibujo, innovó en sus clases, sacó a sus alumnos y alumnas de la
costumbre de una realidad dada. Esa que era posible copiar o reafirmar.
"No hacemos la manzana, no hacemos el caracol. La manzana y el caracol
están hechos. La realidad en el arte es muy distinta a la realidad que vemos y
tocamos", solía decir en sus clases.
Siempre el
dibujo estuvo cerca, más pequeños o más grandes, apenas unos grafismos que se
tornan formas o figuras que se confunden con atiborrados entornos. "Todo
está adentro, la búsqueda de la forma está adentro de uno. Gatos, he hecho
tantos gatos que estoy asombrada. Pero nunca tuve uno. Sigo dibujando al gato y
el gato siempre es distinto. Y tengo el animal que creé yo, el tortimulitatú;
torti, de tortuga, muli de mulita y tatú. Le puedo hacer liso, negro, rayado;
más finito, más grueso, con pintitas. Nadie hace nada igual. Entre vos y yo hay
espacio, aire, vos me ves y yo te estoy mirando, estoy hablando, y este momento
es único. Nos encontraremos en otro lado y las cosas serán distintas. Todo
cambia y el mundo sigue andado".
Mele
Bruniard. Dibujos es, sin dudas, una posibilidad para descubrir ese universo
tan particular, bello a simple vista, pero que hay que saber mirar.
Por
Lisy Smiles
martes, 2 de junio de 2020
Un Picasso por 100 euros
Christie’s organiza una subasta benéfica que acaba con
‘Naturaleza muerta’ en manos de una coleccionista italiana
Peri Cochin, organizadora de la subasta, posa con Naturaleza
muerta (1921), de Picasso
La tentación era grande: un Picasso de dos millones por tan
solo cien euros. Y la garantía, sólida: Christie’s, primera casa mundial de
subastas. Por eso, 51.540 apostantes participaron a pesar del confinamiento y
la Covid-19. La Naturaleza muerta postcubista (22.9cmx45,7cm), de 1921, se la
llevó la italiana Claudia Bourgogno, con su solitaria papela. Un triunfo
proclamado ante 3.200 espectadores de internet.
A pesar de que, por culpa de la Covid-19, el anzuelo Picasso
no colmó las expectativas de 200.000 apuestas, CARE, la asociación que quiere
llevar agua a poblaciones de Camerún, Madagascar y Marruecos, recibirá más de
cuatro millones de euros. Eso, una vez descontados los 900.000 euros del
cuadro. Un doble gesto del propietario, David Nahmad. Primero, vendió aquella
mesa picassiana con vaso y periódico a la mitad de los dos millones de su
cotización oficial. Y, ante el relativo fracaso del sorteo, rebajó cien mil
euros más.
A Harry Bellet, crítico de pintura de Le Monde, David Nahmad
le confesó su placer ante el procedimiento. “Un sorteo, y con finalidad
benéfica. A Picasso le hubiera encantado: le gustaba el pueblo y ayudar a la
gente”.
El amor de los Nahmad, David y su hermano Ezra, es la
pintura (en medio siglo reunieron una fabulosa colección estimada en más de
tres mil millones de euros) y también dejarla ver. El apogeo de esa decisión
fue la muestra que en el verano del 2013 conmemoró, en Mónaco, las cuatro
décadas del fallecimiento del malagueño. Un centenar de Picassos de la
colección Nahmad.
David nació en Beirut en 1947, hijo de un banquero de Alepo,
la ciudad siria que inventó hace milenios a uno de los protagonistas del
confinamiento, el jabón. Enlutados por la muerte del hermano mayor de David,
Albert, en el accidente de su avión, los Nahmad se instalaron en Milán.
La pintura fue una pasión compartida por tres de los
hermanos. El primero, Joseph. Comprador compulsivo, pero con cierta idea,
coleccionaba jóvenes artistas italianos: Lucio Fontana o Arnaldo Pomodoro.
También le compraba al cubano Wilfredo Lam, por entonces en Italia. Y a Giorgio
De Chirico.
Un sorteo, y con un fin benéfico; a Picasso le hubiera
encantado”, dice el anterior propietario de la obra
Joseph perdió toda su fortuna, y parte de la paterna, en un
crack de Bolsa. No hay mal que por bien no venga: sus hermanos Ezra y David se
hicieron marchantes para vender la colección de Joseph. Época propicia. El
mercado apenas se desperezaba. “Un Picasso costaba unos 15.000 dólares y aun
así yo debía dar facilidades. Me lo pagaban en dos años”.
En 1964, David compró, deslumbrado, un par de piezas de Juan
Gris que nadie quería. Kahnweiler, el legendario marchante de Picasso que las
había expuesto en París, accedió a conocer a ese joven intrépido. Se hicieron
amigos. Después, Kahnweiler le dejó en consigna varios Picasso, para que los
vendiera en Italia. Y otro consejero y amigo, Aimé Maeght, le facilitó obras de
Braque o de Miró, quien se convirtió en otra de sus pasiones. Y en una
relación. Porque David trató a muchos artistas. Pero nunca quiso conocer a
Picasso. “Yo era muy tímido y él, un gigante para mí. Todavía hoy puedo pasar
horas, en casa, en silencio, ante uno de sus cuadros”.
Un amor total: “Sin Picasso, el arte no habría evolucionado
como lo hizo. Su obra es capital”. Nahmad fue uno de los primeros, de los
únicos casi, en coleccionar la obra última, esa que provocó el pitorreo de las
exposiciones postreras, como la del Grand Palais, el año de su muerte, cuando
la crítica se enardecía contra “la obra de un viejo senil”, los “cuadros de un
erotómano”, mientras los marchantes miraban para otro lado. Esas obras,
precisamente, destacaron entre el centenar presentado en el 2013 en Mónaco.
David Nahmad lo tiene claro: “hoy el arte se ha
desvalorizado como tal porque olvida que lo que cuenta es la inteligencia de un
cuadro, no su precio. Como decía Friedrich Nietzche, todo lo que tiene un
precio carece de valor.
Joseph perdió toda su fortuna, y parte de la paterna, en un
crack de Bolsa. No hay mal que por bien no venga: sus hermanos Ezra y David se
hicieron marchantes para vender la colección de Joseph
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