sábado, 9 de septiembre de 2017

A través de los viñedos de California:



De lujo sobre raíles
Tren del Vino que se ejecuta a través de las filas en Napa Valley es perfecto para mascotas de lujo. Disfrutar de las vistas de primera clase y la comida exquisita en el norte de California.
Napa Valley en California es conocido por sus millas de la vid y el vino exquisito. Hit sitio celebridades de la lista A para tomar un descanso de la vida agitada de glamour, Hollywood, sólo para conseguir un poco de glamour fin de semana extra.
Ahora usted también puede embarcarse en su viaje de sueño - como tomada de una película de Hollywood!


Según matnettstedet deliciosa ejecutar el tren restaurada con los pasajeros a través de algunas de las mejores bodegas de California. Estos incluyen nombres bien conocidos tales como Mondavi, Beringer y Raymond viñas. Usted, por supuesto servido comidas gourmet con los mejores ingredientes en manteles blancos en el compartimiento de pasajeros.
Este no es el único vino experiencias que hemos estado muy impresionado por. También leer sobre la  "bodega" en Croacia , que se encuentra en el fondo del océano.
Acampada en el otoño? Ahora se está "glamping" que se aplican


Las vías del tren fueron construidas ya en 1864, pero el tren se convirtió en un llamado "Tren del Vino" a finales de los años 80. El tren traquetea de Napa a Santa Elena y la espalda, mientras que los pasajeros disfrutar de la comida, el vino y las vistas.
La compañía detrás de los Chugs tren vino puede adaptar su vinreise exactamente como usted lo desee. Si usted está buscando para un viaje rápido, con visitas a una sola bodega, o si desea profundizar en la historia de los valles de Napa y visitar varias granjas y cumplir con los enólogos locales.
Todo lo que verá: 24 horas en Edimburgo
De acuerdo con menú de comida deliciosa de algo por sí mismos. Se asocia puede ser pequeña cocina, extraíble con más de patatas cocidas en el asiento 27C, pero al parecer es posible crear la cocina está en también en la pequeña cocina. El menú incluye raviolis de ricotta con limón, gazpacho y pan de maíz frito crujiente con mantequilla marrón. Sirvió por supuesto vino con la cena.
Y el precio de la gloria? Por unos precios de la cena comenzará a las 186 dólares estadounidenses por persona, que al precio actual es igual a 1.450 coronas noruegas. Usted tiene que asentarse para pagar más, ya que por lo general va a cobrar por aventuras adicionales. (Como las visitas a varios viñedos).


Matmekka en el Mediterráneo: Córcega por los amantes de la cocina
El viaje en tren tarda entre tres y seis horas, según el sitio web del tren del vino chugs parece muy simpático de verano. En otoño e invierno se conduce hacia el atardecer, pero la mayor parte del viaje se realizará en la oscuridad.
En el verano, sin embargo, uno puede disfrutar de la cálida luz del sol por más tiempo. "El tren funciona cuando los viñedos todavía están bañados en una luz del sol caliente, y se obtiene a lo largo de las espectaculares puestas de sol a lo largo del camino", dice.
¿Cómo se viaja:
Noruega tiene viaje vuelos directos semanales / retorno Oslo-San Francisco, e indirecta puede encontrar viajes todos los días. Precio de las entradas en septiembre y octubre, es 1099 millones hasta 5828 millones por trayecto. El precio medio es de poco más de 2.000 coronas por trayecto.
SAS también vuela a San Francisco, y aquí se puede encontrar tours de 2074 millones y 8500 millones de dólares por carretera. También aquí es el precio promedio de más de 2.000 millones de dólares en septiembre y octubre. SAS no ofrece vuelos directos desde Gardermoen, por lo que aquí hay que colocar abajo para hacer una parada.

viernes, 8 de septiembre de 2017

«Fortaleza Volante» B-17: la colosal máquina de destrucción que aplastó los sueños de Hitler



Este 2017 se cumplen 80 años de la entrada en servicio de una de las naves más robustas de las Fuerzas Aéreas del Ejército de los Estados Unidos (USAAF)
Los diferentes modelos del B-17 «Flying Fortress» arrojaron miles de toneladas de bombas sobre la vieja Europa y el Pacífico contra objetivos concretos y a plena luz del día
Pulsa sobre los puntos para explorar el interior del aparato, o en las flechas ubicadas a izquierda y derecha de la pantalla del gráfico interactivo para moverte entre las diferentes pantallas (estructura; armamento; defensas y roles de los tripulantes)
MANUEL P. VILLATORO


Fue más que un avión. El B-17 se convirtió en un símbolo de los EE.UU. Una representación de su resistencia ante el enemigo. Robert Morgan, capitán de uno de estos mastodontes aéreos, los definió así: «Fue el bombardero de la Segunda Guerra Mundial. Ni los británicos, ni los rusos ni los japoneses tuvieron algo parecido». No le faltaba razón. De una gigantesca envergadura, el mencionado aparato arrojó unas 640.000 toneladas de explosivos sobre objetivos europeos, el 40% de todos los bombardeos realizados por los Estados Unidos en la región (una cifra que varía atendiendo a las fuentes).
A su vez, el estar equipado en sus últimos modelos con hasta 13 ametralladoras de calibre .50 le permitió convertirse en un auténtico búnker aéreo capaz de repeler los ataques de los cazas de la Luftwaffe. O más bien una «Fortaleza Volante», apodo por el que se hicieron conocidos durante el enfrentamiento los casi 13.000 aparatos ensamblados.
Los B-17 (cuya entrada en servicio se produjo en 1937, hace 80 años) fueron ideados para llevar a cabo unas misiones nunca vistas hasta entonces: lanzar bombardeos de precisión sobre objetivos militares industriales específicos durante el día. De esta forma asfixiaron a la industria nazi e impidieron que Albert Speer (ministro de armamento de Hitler) suministrara suficientes cazas a la Luftwaffe como para mantener la supremacía aérea en Europa. Sus vuelos, además, destrozaron la moral del enemigo y redujeron la presión que la Kriegsmarine (la armada germana) ejercía sobre los aliados en el Atlántico. Aunque es cierto que los tripulantes corrían un grave riesgo (tanto que se ofreció a aquellos que completaran 25 misiones regresar a sus casas) los 314.000 dólares que se invirtieron en ensamblar cada B-17G (la versión más moderna y popular al sumar 8.860 aviones construidos) dominaron los cielos y se convirtieron en un auténtico quebradero de cabeza para los nazis.


Los inicios
Explicar el origen del B-17, el colosal aparato que dejó caer toneladas de explosivos sobre Europa y Asia, requiere retroceder en el tiempo hasta 1926. Fue ese año cuando el Estado Mayor del Ejército entendió que sus antiguas fuerzas aéreas necesitaban una modernización en lo que a bombarderos se refiere. Así lo afirma, al menos, William N Hess (historiador de la «American Fighter Aces Association» y miembro de la tripulación de una de estos aparatos en la Segunda Guerra Mundial) en su libro «B-17 La Fortaleza Volante»: «En 1930, el Cuerpo Aéreo del Ejército invitó a los fabricantes aeronáuticos de los EE.UU. a que le enviaran ofertas para la construcción de un moderno bombardero pesado».


Inmediatamente comenzaron los trabajos sobre el Modelo 299 de la Boeing»
Hasta media docena de empresas respondieron a este llamamiento. O más bien, a esta tentativa previa del ejército para conocer si el mercado podía responder a sus expectativas. Sabedores de que era posible dar el salto tecnológico que las fuerzas aéreas necesitaban, los mandamases del Estado Mayor dieron luz verde al proyecto y seleccionaron únicamente a dos compañías para enfrentarse por el privilegio de ensamblar el bombardero definitivo de los EE.UU. Estas fueron la Boeing y la Martin. En una reunión posterior (secreta, eso sí, pues no les gustaba la idea de gritar a los cuatro vientos sus planes) les explicaron a las competidoras las directrices a las que debían someterse durante el diseño.
«Los ingenieros de Boeing se pusieron inmediatamente a trabajar en el nuevo diseño», explica Hess. La empresa, por entonces una compañía bastante pequeña, ideó un aparato de cuatro motores y más de 45 metros de envergadura que llamó XBLR-1. La idea cautivó a los militares, que pusieron sobre la mesa un contrato a la compañía para impulsar la creación de este ingenio aéreo (todavía un embrión que solo estaba sobre planos) bajo el nuevo nombre castrense de XB-15. Aquel sería el germen del futuro B-17, la mítica «Fortaleza Volante».

Un nuevo coloso
Con todo, el diseño del XB-15 se ralentizó cuando la Boeing recibió una nueva propuesta del ejército en la que se le proponía un «concurso» con otro tipo de especificaciones. Movida por las ventajas que ofrecía construir cuantos más aviones mejor para las fuerzas aéreas, la compañía aceptó el reto y empezó a trabar en un modelo diferente: el 299. Un híbrido entre el XB-15 y el ya popular avión de pasajeros Boeing 247 (cuyo primer vuelo se había hecho en 1933). Este, como ya podrá suponerse, sí fue el futuro B-17. En este caso, los militares buscaban un bombardero de largo radio de acción (con la capacidad de recorrer miles de kilómetros de forma autónoma) y que pudiese ser construido rápidamente, algo que no sucedía con el XB-15. El objetivo: defender Alaska y Hawai.



«Inmediatamente comenzaron los trabajos sobre el Modelo 299 de la Boeing. Un avión tetramotor totalmente metálico. Con un diseño estilizado, una envergadura de 31,40 metros y una longitud de 20,72 metros, sus cuatro motores Pratt and Whitney de 200 caballos se impulsarían por el aire a la velocidad de 376 kilómetros por hora. El alcance sería de 4.800 metros. Ya estaba en construcción el prototipo del B-17», añade el experto en su obra. La nave se diseñó y se ensambló bajo absoluto secreto y sus piezas fueron transportadas ocultas bajo gigantescas lonas. Lógico. Al fin y al cabo había mucho dinero en juego, y un espía de una compañía ajena podía dar al traste con semanas de investigación.
El proyecto se mantuvo encubierto hasta el 28 de julio de 1935, cuando el aparato resultante hizo su primer vuelo. Posteriormente, el 20 de agosto de ese mismo año, el todavía B-299 levantó el vuelo para dirigirse hacia Wright Field, donde competiría en una especie de «carrera de obstáculos» contra las naves ideadas por las compañías Martin y Douglas. En este trayecto batió todos los récords. «No había allí nadie para recibirle porque los oficiales del Air Corps no se imaginaban que pudiera llegar hasta por lo menos dos horas después», añade Hess. Aunque las pruebas no salieron precisamente a pedir de boca (un fallo humano provocó que se estrellase el 30 de octubre), el ejército solicitó un total de 13 aviones a la Boeing. Un número, con todo, bastante inferior a los 70 que se habían barajado en un principio.


Para entonces un periodista ya lo había apodado la «Fortaleza Volante», y el sobrenombre fue bien acogido. Algún tiempo después la prensa se empezó a hacer eco de sus bondades y las difundió mediante mensajes como el de Graham McNamee en el boletín Universal Newsreel: «El bombardero más veloz, de mayor tamaño y autonomía que se haya construido efectúa sus primeros vuelos de prueba hoy en Seattle. Cinco hombres tripulan el avión, y una torreta de disparo de nuevo diseño permite que el artillero dispare en todas direcciones. Como arma de destrucción, es casi increíble que con una tonelada de bombas pueda cubrir 4.800 kilómetros sin repostar. Se realizarán más pruebas antes de que se acaben los otros 12 aviones encargados». El mismo reportero también hizo referencia en dicha noticia al accidente, aunque rebajando la tensión que -en principio- provocó.

Tras la entrega del último de los B-299 (bautizado por el ejército como YIB-17 -y luego B-17-), el ejército aumentó a 39 aparatos más. Aunque le exigió a la empresa que incluyera varias mejoras como el aumento de la altura a la que podía volar y la velocidad operativa. Así nació el B-17B. A su vez, ese fue el comienzo de la que sería, a posteriori, una práctica habitual: la mejora de las capacidades de este avión a lo largo de los años y la sucesiva