domingo, 2 de octubre de 2016

Descubrir a Colón



El navegante fue un hombre arrogante, cruel, seductor, tenaz y con una gran autoestima


¿Es posible saber cómo era Cristóbal Colón? Indagar sobre el carácter del hombre que, el 12 de octubre de 1492, puso pie en América es un campo minado en el que los datos reales se mezclan con especulaciones. A raíz del debate que se ha abierto sobre el monumento que, en 1888, le erigió Barcelona –la CUP pidió retirarlo, lo que rechaza el Ayuntamiento–, surgen algunas preguntas sobre el personaje: ¿fue un genocida?, ¿un visionario?, ¿qué sentimientos le dominaron?, ¿le movía la codicia o el afán de aventura y conocimiento?, ¿puede ser que el señor que, desde lo alto de su columna, ha formado parte del paisaje sentimental de tantas generaciones de barceloneses sea alguien poco digno de respeto?
La historiadora Consuelo Varela, profesora de la Escuela de Estudios Hispano Americanos que el CSIC tiene en Sevilla, es considerada una de las mayores expertas en el almirante que existen en el mundo y cree que “es exagerado juzgar a Colón con los ojos de hoy”.

Colón es un personaje enigmático, comenzando por que no existe su partida de nacimiento, aunque pasó su infancia y juventud en Génova (su catalanidad no parece tener base científica, más allá de que en sus escritos mezclaba una base castellana con palabras y construcciones de otras lenguas mediterráneas). Tras haber sido mercader y corsario, se obsesionó con llegar a las Indias por el Atlántico, proyecto que presentó en diversas cortes y que finalmente le aceptaron los Reyes Católicos.

“Fue un navegante intrépido –apunta el medievalista José Enrique Ruiz-Domènec–, talentoso en pilotaje y comprensión de los mapas. Intuitivo, aprendía rápido, y utilizaba medias verdades y engaños para apaciguar los ánimos de la tripulación”. Así, imantaba la brújula para despistar y llevaba un doble registro de la distancia y ruta recorridas. Destaca su psicología porque “sabía que los marineros eran la caraba, a la mínima te pasaban por la quilla, así que aprendió a manipular sus ambiciones, y además eligió bien sus tripulaciones, por ejemplo a los Pinzones”. Fue autodidacta, pues no frecuentó ninguna universidad ni escuela naval. Vio la muerte muy cerca varias veces y superó naufragios y motines.
El compañerismo no era su fuerte. Los reyes habían prometido una recompensa de 10.000 maravedíes al primero en avistar tierra... que se quedó el propio Colón, para desesperación del hombre que estableció ese primer contacto visual y que no superó jamás haber sido víctima de esa traición. Colón arguyó haber visto unas luces cuatro horas antes.

Físicamente, Varela apunta que sus contemporáneos describen a Colón como “de algo más que media estatura, rubio –aunque enseguida de pelo blanco a causa de los disgustos–, nariz aguileña, mejillas altas sin llegar a gordo... Gran nadador, modesto en el vestir y el calzar, continente en el comer y el beber, afable en el hablar con los extraños, muy agradable con los de su casa, gracioso y alegre y enemigo de tacos y blasfemias”. Pero hay más: “Su salud era quebradiza, con múltiples dolores, jaquecas y penalidades que le provocaron un mal carácter, iracundo. Era arrogante pero seductor. Sabía adular, pero perdía los nervios y era pendenciero, al modo latino. Por ejemplo, la emprendió a coces con Ximeno de Briviesca sólo porque este le había criticado”.

En el haber, cabe consignar “una curiosidad insaciable por conocer cosas nuevas”, como se ve en las maravillosas descripciones de sus diarios de viaje. “Invitaba a comer a su mesa a los caciques indígenas, por ejemplo”. Coqueto, Varela explica que “trató de remediar su calvicie con remedios tomados de la Historia natural de Plinio”, se ponía unos zapatos colorados y gustaba de adornarse con un collar. Tuvo gran afición por los adornos de oro.
Otro rasgo esencial es su capacidad de venderse bien. Ruiz-Domènec recuerda que “nada más regresar de su primer viaje, escribe una famosísima carta a todas las cortes de Europa para indicar lo que ha hecho y su importancia. Esta carta expresa el criterio colombino: las cosas hay que hacerlas y publicitarlas”. Ahí Barcelona adquiere protagonismo, pues es donde le cuenta todo a los Reyes Católicos, que se encontraban en la ciudad negociando la devolución del Rosellón y la Cerdaña.

“Era lo que hoy llamaríamos un hombre familiar, le gustaba tener siempre a sus hijos cerca, o a sus sobrinos –prosigue Varela–. Fue un padre excelente que se quejaba de no recibir de sus hijos tantas cartas como quisiera. A su primogénito le envió largas listas de consejos”.

“Era el típico hombre del Renacimiento –opina Ruiz-Domènec–, contradictorio. Tenía un conocimiento místico-religioso muy intenso, y a la vez era un hombre de mundo, abierto a los horizontes del negocio. Le gustaba mucho la buena vida, que es cara, ese lujo que se introduce en el Renacimiento, que genera saltos sociales antes imposibles. Él, de familia comerciante, pasa a hablarles a los reyes de tú a tú. De ahí su arrogancia, pero también tuvo la cara mística y encerrada. Fue muy europeo y cosmopolita, por eso resulta difícil encontrarle las raíces. Tiene una mano izquierda sucia, con la que mueve el dinero y hace negocios, que no habla con la mano derecha, con la que defiende sus ideales. Hacer una fortuna en un imperio no lo consiguen las personas buenas, sino las que tienen una moral distendida o una doble moral. Se manifestó como un empresario típico de la época, de tradición portuguesa, esclavista, de control de las tierras que coloniza”.
En su cuarto viaje, en febrero de 1504, un día los indígenas se acercaron al emplazamiento español con intención de ejecutarlo, pero él mantuvo la sangre fría y les dijo: “Dios va a oscurecer la luna, y una catástrofe caerá sobre vuestras cabezas. Sólo si os arrepentís yo le rezaré para que se deshaga el maleficio”. Se trataba de un eclipse, que él sabía que se produciría y que asustó convenientemente a los atacantes.

¿En qué medida es Colón responsable del exterminio de indígenas? “Hay dos civilizaciones que entran en contacto y una es más fuerte que la otra –responde Ruiz-Domènec–. Colón impuso prácticas esclavistas a una población india que no estaba acostumbrada a los trabajos de plantación. Esta es la parte consciente y malvada. Pero no comparable a la de los conquistadores como Pizarro o Cortés. De hecho, Colón nunca llegó a la América de verdad, como buen navegante merodeó los mares que circundan el continente. Llamarle genocida es exageradísimo. No hay ninguna civilización pacífica en un encuentro cultural. Como dice Stephen Hawking, si llegan los extraterrestres, vendrán a colonizarnos. No podemos utilizar las palabras para cualquier cosa, un acto genocida es lo que hizo el gobierno alemán con los judíos o los turcos con los armenios. Europa tiene que avergonzarse de cómo se comportó con los indios, pero no es de recibo cargárselo todo a Colón”. Para él, la causa principal del exterminio es que “trajeron todas las enfermedades europeas, que produjeron mortalidades brutales. Las epidemias mataron más que los soldados”.
Varela dice que “tuvo una gran fe en sí mismo” y que fue “un ególatra” y “un pésimo gobernante, por lo que le destituyeron de sus cargos en las Indias”. La cosa acabó “con los alguaciles y el virrey metiéndole los grilletes y mandándolo de vuelta a España de malos modos”, ilustra Ruiz-Domènec. “Fue cruel, mataba al que le caía mal –apunta Varela–, como su propio cuñado, no tenía escrúpulos, mandó degollar a unos españoles porque no le trajeron la cantidad de aves que él esperaba en una cacería, echaba los perros a los nativos y su oro fueron los indígenas, que traía a Europa como esclavos. Trató mal a nativos y colonos. Y usó el concepto de guerra justa, acusando de caníbales a los pueblos que quería sojuzgar”.

Sobre el monumento barcelonés, Varela dice que “lo erige, mediante colecta, la burguesía catalana, agradecida por todos los negocios que ha hecho en América. Por eso hay tantos signos y escudos de Barcelona y Catalunya” y personajes catalanes como el fraile Bernat Boïl o el cosmógrafo Jaume Ferrer.
Tras ser condenado, “para que los reyes le perdonaran, se disfrazó con un hábito franciscano, símbolo de humildad, y les fue a suplicar clemencia, con éxito. Sabía cómo adular a su reina, a la que enviaba regalos muy personales. Nadie duda que entre Colón e Isabel existió complicidad, incluso hay novelas que los presentan como amantes. Desde luego, nunca estuvieron enamorados. Imposible: la Católica bebía los vientos por su marido, y el almirante sólo se quiso a sí mismo”.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Sólo 29 personas salieron



Judios que pasaron por las calles de Kiev el 28 de septiembre 1941, hace 75 años. Los nazis y policías ucranianos dijeron que fueron transportados por tren en el Mar Negro y Palestina. Durante 36 horas, todos fueron asesinados - junto con más de 33.000 personas. . Sólo 29 personas salieron
FOTO: Creative Commons
Aquí fueron 33.000 muertos durante dos días. La matanza de los nazis convencido de que era posible para exterminar Judios de Europa
Todo el mundo pensaba que iban a tomar el tren de Kiev hasta el Mar Negro. Durante las 36 horas que gestiona nazis matan a más Judios de lo que habían soñado.
- Llevar documentos, dinero y objetos de valor, así como ropa de abrigo y mantas, era modesto para los Judios en Kiev.
renegados de Ucrania fueron informados por los nazis para apagar el rumor de que eran Judios hasta el Mar Negro y luego a Palestina.

«Garbo», el espía que tenía al enemigo en casa



Harta de las medidas de seguridad que sufría en Londres, su esposa, Araceli González, estuvo a punto de revelar la identidad del agente y poner en riesgo la maniobra que derrotó a Hitler.
Engañar al mismísimo Adolf Hitler sobre el lugar y la fecha elegidos para el desembarco de Normandía no fue tarea fácil. Pero el español Joan Pujol García, alias «Garbo», lo consiguió, convirtiéndose así en uno de los agentes secretos más importantes del siglo XX. Ahora bien, la operación estuvo a punto de irse al traste ante las amenazas de descubrir su verdadera identidad por parte de una de las personas de su círculo más cercano: su propia mujer. Agobiada ante las estrictas normas de seguridad que impusieron a toda la familia con su traslado a Inglaterra, Araceli González casi levantó su tapadera, lo que obligó al espía a urdir otro plan familiar paralelo, fingiendo su propio arresto para no poner en riesgo la operación que cambió el rumbo de la historia durante la Segunda Guerra Mundial. Así consta en los documentos revelados ayer por los Archivos Nacionales de Kew, que o bien podrían montar una de las novelas de Ian Fleming. Los informes, escritos por el servicio de contraespionaje británico MI5, explican cómo en 1943 la joven esposa de «Garbo» amenazó con ir a la Embajada española y revelar la identidad de su marido si no le permitían viajar a España para ver a su madre.
Estilo «simple y animado»
El catalán fue reclutado por los británicos en 1942, con un supuesto empleo como traductor de la cadena pública BBC. El MI5 se interesó por él cuando éste ya había empezado a engañar a los alemanes con falsas informaciones sobre el Reino Unido que proporcionaba desde Lisboa. Para dotar de credibilidad a sus mensajes, el espía se servía de «una guía azul (una guía turística), un mapa de Inglaterra, horarios de trenes», tal y como explica una nota del servicio de contraespionaje británico fechada el 12 de julio de 1943. «Tenía un estilo simple y animado, un gran ingenio y un celo nacido de la pasión y del idealismo por su trabajo», añade el documento.
El matrimonio y sus dos hijos fueron trasladados a Harrow, al noroeste de Londres, desde donde él continuaba gestionando para los nazis una supuesta red de subagentes, que en realidad eran ficticios, mientras trabajaba para el MI5. Para evitar ser reconocidos, Pujol mantenía a su familia encerrada en casa y controlada, lo que acabó con la paciencia de su esposa, que amenazó con ir a la Embajada española y contarlo todo. «No quiero vivir ni cinco minutos más con mi esposo», espetó la joven al oficial británico a cargo de «Garbo», Tomas Harris. «Aunque me maten, me voy a la embajada», añadió.
El MI5 no podía dejarla ir porque ello hubiera levantado la tapadera. Para evitar una crisis, el agente Harris engañó a Araceli, diciéndole que su esposo había sido despedido por su actitud insensata. Con todo, el mismo Pujol sabía que eso no sería suficiente y decidió dar un paso más. Sugirió montar una trama para hacer creer a su esposa que había sido encarcelado al intentar defenderla, lo que llevó a Araceli a intentar suicidiarse. Como parte de este montaje, los agentes del MI5 llevaron a Araceli González a ver a su esposo al centro de detención donde supuestamente estaba preso, lo que hizo que ella prometiera portarse bien a cambio de que le dejaran en libertad. Harris alaba en el documento la destreza de Pujol al urdir una farsa «que permitió salvar una situación que, de otra manera, hubiera sido intolerable».
Tras la disputa familiar, «Garbo» convenció a los alemanes de que el desembarco de Normandía, el 6 de junio de 1944, era una maniobra de distracción y que el grueso de las tropas aliadas iban a entrar en Europa por Pas de Calais, mucho más al noroeste de Francia. Pujol dijo a Berlín que «el presente ataque era una operación de distracción a gran escala con el propósito de establecer una sólida cabeza de puente para atraer al máximo número de reservas alemanas y retenerlas ahí de cara a dar un segundo golpe con éxito asegurado», según narró Harris en un informe oficial del 13 de junio de 1944. El régimen de Hitler nunca descubrió el engaño y llegó incluso a recompensar a este barcelonés con la Cruz de Hierro, casi al mismo tiempo que lo condecoraban los británicos, convirtiéndose así en la única persona condecorada por ambos bandos.

Hergé, pintor abstracto y coleccionista



Una exposición en el Grand Palais profundiza en la vida y obra del padre de Tintín, que fue bastante más allá del cómic para acercarse al arte contemporáneo
Cuando en 1969 preguntaron a Hergé qué futuro preveía él para el cómic en el año 2000, el creador de Tintín expresaba su deseo de verlo convertido «en un medio de expresión de pleno derecho, como la literatura o el cine ». Casi medio siglo después, el Grand Palais consagra una retrospectiva al artista: su obra como dibujante, sus incursiones en el mundo de la pintura abstracta, su fascinación por las artes primeras o sus gustos de coleccionista. Uno de los méritos de esta exposición, que se titula simplemente «Hergé», es el descubrimiento de aspectos como su pasión por el arte contemporáneo. Esta admiración le llevó a reunir una colección audaz y vanguardista, con obras de Roy Lichtenstein, Serge Poliakoff, Jean Dubuffet, Andy Warhol yLucio Fontana, entre otros.
Audaz y vanguardista
«Se comprende muy bien qué ha podido encontrar un dibujante de cómics en un tipo de artistas como Wahrol o Lichtenstein», comenta Cécile Maisonneuve, asesora científica de esta exposición, «pero hay también cosas sorprendentes por su carácter audaz y vanguardista, como las obras de Lucio Fontana o Jean-Pierre Raynaud». Cuando Hergé comienza a comprar las creaciones de Fontana, éste no es un artista todavía reconocido, al contrario, incluso algunos críticos se burlaban de su obra.
Los gustos artísticos de Hergé van apareciendo en sus primeros álbumes de Tintín, desde los años 30. Comenzando por «L’Oreille cassée» (1936), en el que cita una pequeña estatua que había llegado a Bélgica para ser expuesta. se trata de una estatuilla de la cultura Chimu procedente de Perú, y presente estos días en el Grand Palais. Estos guiños a sus gustos artísticos se prolongan hasta la producción de la última aventura de «Tintín y los pícaros», en la que introduce varias obras de arte, «como la que se ve en la villa a la que llega el capitan Haddock, en San Theodoros, en la pared hay una obra abstracta muy en la línea de la obra de Serge Poliakoff, que por aquella época colecciona», comenta.
Hergé quiso también seguir los pasos de los artistas que admiraba y, en los años 60, cogió los pinceles para dedicarse unos años a la pintura. Para Cécile Maisonneuve, esta producción del virtuoso del cómic «puede sorprender al gran público porque es una creación que no tiene nada que ver con su trabajo de dibujante». La obra pictórica de Hergé es abstracta, algo inesperado de la parte de un genio de la figuración. Son unos cuadros en los que trabaja el color y la materia. «Se trata de un ejercicio de estilo aplicado en el que parece que Hergé va rindiendo homenaje a los artistas que admira como Miró, Klee, Van Lint...». Pero el artista, «consciente de sus límites», renuncia pronto a seguir por esa vía. La exposición del Grand Palais acoge el mayor número de planchas originales reunidas a día de hoy de Tintín. Es también la ocasión de redescubrir la influencia que ejerció sobre Hergé ,su primer contacto con la cultura china a través de su amigo Tchang Tchong-Jen, que le inspiró el personaje de Tchang en Le Lotus bleu, y sus épocas más atormentadas.
Como todo hombre, Hergé fue un artista que atravesó etapas difíciles, sobre todo tras la Segunda Guerra Mundial, y la fase de depuración que él mismo sufrió por haber triunfado durante la Ocupación. Tras la liberación de Bélgica fue detenido en cuatro ocasiones. Le reprochaban haber seguido trabajando para «Le Soir» cuando estaba en manos de los nazis, y le prohibieron publicar sus dibujos, aunque un año después se cerró su dossier y le permitieron seguir publicando. Este periodo también quedó marcado por la aparición de nu nuevo personaje clave, el capitán Haddock, que aparece por primera vez en el álbum «El cangrejo de las pinzas de oro». Otro aspecto poco conocido de Hergé es su incursión en el mundo publicitario, y esta exposición es la ocasión de descubrir una lección de grafismo.
- Dónde: Grand Palais. París.
- Cuándo: hasta el 15 de enero. Todos los días salvo los martes.
- Cuánto: 13 euros.