Miembros de paisano vigilan las salas de las dos
instituciones. En el Museo del Prado cuentan con este dispositivo desde antes
de que comenzaran las protestas de los ecologistas
Una persona pasea por una de las salas que alberga obras de
la colección de Susana y Ricardo Steinbruch, en el Reina Sofía, en Madrid.
Policías de paisano vigilan desde “hace varios días” el
interior del museo Reina Sofía y del Thyssen,. Es una de las medidas con las
que se refuerza la seguridad en ambos centros tras los ataques de activistas
climáticos contra obras de arte, el último el pasado sábado, cuando dos
ecologistas se pegaron a los marcos de los cuadros de La maja desnuda y de La
maja vestida de Francisco de Goya en el Museo del Prado en protesta por la
emergencia climática. En el exterior del Reina Sofía también se ha reforzado la
seguridad.
“Hay un poquito de todo, sí”, ha afirmado tímido Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía,
que no ha querido concretar las nuevas directrices de seguridad, sino que se ha
limitado a afirmar que se han incrementado. Lo que sí ha especificado el
responsable es que se ha reforzado la vigilancia en la sala del Guernica de
Picasso. El cuadro ya cuenta con medidas específicas al tener dos vigilantes de
seguridad en cada extremo de la obra, una cinta que suena en caso de que un
visitante se acerca más de lo debido y cámaras especiales. También hay
controladores de sala, las personas encargadas de vigilar, pero sin capacidad
de actuación ante un ataque como los que se están produciendo. “Jugamos a
máximos”, aseguran desde la institución sin delimitar si estos policías de
paisano se concentran en esta sala.
Según ha podido saber este diario, la policía se reparte por
todo el museo. “Tenemos obra de Miró, de Dalí,...”, explican fuentes del centro
para recordar que el Guernica puede ser un gran reclamo ante el que protestar,
pero que cuentan con otras piezas de alto valor.
Agentes de la Guardia Civil vigilan la urna blindada que
protege el 'Guernica', obra de Pablo Picasso, en su presentación en el
emplazamiento del Casón del Buen Retiro de Madrid, tras su regreso a España.
MARISA FLÓREZ
El museo, ha explicado Borja-Villel, realiza reuniones
constantes para garantizar la seguridad. Se tienen en cuenta, en palabras del
director, “el número de visitas, si son en grupos, el tipo de obra,...”. “Hemos
llegado a tener más de cuatro millones de visitantes”, ha recalcado. De esta
manera, el director ha tratado de explicar que la presencia de la Policía en
sus salas responde a la coyuntura, esto es, que se trata de una medida
temporal, sin especificar cuánto tiempo se alargará. En el recuerdo pervive
aquella imagen de la Guardia Civil custodiando el Guernica de Picasso cuando
llegó a España desde Nueva York, en 1981. Entonces, el cuadro se parapetó tras
una urna blindada en el Casón del Buen Retiro de Madrid, una protección que no
se retiró hasta 1995.