domingo, 17 de abril de 2022

Sean Connery, con licencia para vender un Picasso

 

Cuadro 'Buste d'homme dans un cadre', de Pablo Picasso

 

 

El 26 de mayo sale a la venta uno de los cuadros de su colección, «Buste d’homme dans un cadre», del pintor malagueño, que puede alcanzar los 150 millones de dólares

 Sean Connery se adaptó bien al papel de James Bond, un agente secreto con licencia para matar y al servicio de su Majestad la Reina. El espía, altanero y sin demasiados escrúpulos, pertenecía a la estirpe de personajes que aprecian poco su resuello, disfrutan de la vida y, en los momentos de asueto y distracción, se entregan sin demora a los placeres y gustos más caros, distinguidos y delicuescentes. Lucía ropa de primera, bebía la mejor coctelería, sin que eso mermara la puntería de su Beretta y ligaba con las mujeres más elegantes y peligrosas que veía en la barra y que circulaban por todo el contraespionaje. El actor debió admirar a este pelafustán venido a más y que sentía una inevitable debilidad por vestir esmoquin a medida y a dejar los Aston Martin como chatarra para el desguace. Quizá, el escocés, incluso aspiró con asumir algunas de las virtudes de las que hacía tanta gala el doble cero (en estos tiempos de ahora, todo hay que subrayarlo, algunos de estos atributos no se perciben con la misma admiración que antes.

Todo lo contrario, se contemplan casi como los vicios de una mente malsana y decadente). Según revela su patrimonio, Sean Connery, por lo menos, se ha quedado con uno de los hábitos de Bond, James Bond: su inclinación por lo exquisito. Y él encontró esa complacencia en la pintura.

 La casa de subastas Christie’s de Hong Kong sacará a puja el próximo 26 de mayo uno de los cuadros que formaban parte de su colección personal. En concreto un Picasso de extraordinario valor. Y no uno cualquiera. De la amplia variedad de estilos por los que atravesó el malagueño durante su prolongada evolución pictórica, Connery se fue a fijar en el más peculiar y menos conocidos, el que desarrolló durante su última etapa, en una obra fechada en 1969 y ejecutada apenas cuatro años de su muerte

. Como no podía ser de otra manera, ni tampoco podía faltar al talento de duro que arrastraba por los papeles que había interpretado en el cine, reparó en uno de los famosos mosqueteros que el artista pintó al final de su vida: «Buste d’homme dans un cadre» es un óleo notable que ahora sale al mercado de nuevo y que se estima que podría alcanzar la modesta suma de 150 millones de dólares. Suficiente dinero para que hasta un adicto a la acción como James Bond colgará su carrera y se entrara a tomar mojitos en cualquier playa de Indonesia. El cuadro promete atraer la atención de coleccionistas y curiosos, porque al aliciente que supone la firma «Picasso» hay que añadir que no todos los días se puede disponer de la oportunidad de comprar algo que perteneció a James Bond y tenerlo «solo para sus ojos».

 

 

lunes, 11 de abril de 2022

Beethoven y la fantasía de su “sinfonía Bonaparte”

 

En Abril de 1805, el genio estrenaba en Viena su “Sinfonía nº 3″, una de sus obras más célebres y que esconde una historia relacionada con el militar francés

Nunca se conocieron en persona, pero sí fueron contemporáneos y, aún en la distancia, uno fue capaz de romperle el corazón al otro. Ludwig van Beethoven (1770-1827) sentía una profunda admiración por Napoleón Bonaparte (1796-1821), así como a principios de la década de 1800 el público parisino ya conocía algunas de sus composiciones. Pero esto no era suficiente para el genio, pues buscaba que su figura fuese totalmente reconocida en Francia, al igual que ya lo era en Viena. Para ello, decidió dedicarle una de sus obras -a día de hoy de las más importantes de sus composiciones- a esa figura que admiraba, que celebraba, que tomaba como ejemplo de la esperanza en el ser humano, que era Napoleón Bonaparte.


 
Durante la vida de Beethoven, la gran parte de Europa se encontraba bajo el modelo del Antiguo Régimen, un sistema político con privilegios para unos pocos y donde el rey provenía de Dios. Y entre este modelo político, Francia resurgía como un ejemplo del avance social y político, pues se regía por la Ilustración, que regía la igualdad, la libertad y la fraternidad, un Siglo de las Luces que fue desencadenado por la Revolución Francesa. Y en este paisaje de revolución social y política, que acabó con la monarquía absolutista y dio voz a la burguesía y las clases populares, Napoleón resurgía como uno de los líderes de este movimiento.

De esta manera, entre 1803 y 1804, aún en Viena, Beethoven creó la Sinfonía nº 3, también conocida como “Heroica” y que originalmente él mismo tituló “Gran Sinfonía, titulada Bonaparte”. Con ella reflejaba la valoración por parte del compositor hacia la astucia, la autodisciplina, la inteligencia de Bonaparte. Pero pronto se le derribaron todas estas ideas, pues llegó a tachar el título de la partitura y a escribir sobre ella: “Heroica Sinfonía, para celebrar la memoria de un gran hombre”. Fue en 1804, cuando Napoleón fue autoproclamado emperador de los franceses, lo cual defraudó a Beethoven por ver los ideales

“¡Ahora solo va a obedecer a su ambición, elevarse más alto que los demás y convertirse en un tirano!”. Estas palabras, según algunos historiadores, las pronunció Beethoven cuando la figura de Napoleón comenzó a defraudarle, principalmente por sus ambiciones cegadas por el poder. Por tanto, a aquel “gran hombre” al que finalmente quiso hacer memoria ya no era al Bonaparte del pasado, sino a otra persona: al Príncipe de Lobkowitz, su mecenas.

Así, un día como hoy de 1805, hace nada menos que 217 años, se realizaba la primera actuación de la historia de esta Sinfonía nº 3 de Beethoven, de sus obras más relevantes y que funcionó como punto de inflexión en la música, por su carácter evolutivo hacia el romanticismo musical. Tras un ensayo en la mansión de Lobvkowitz, el genio estrenó la obra en el Theatre an der Wien, en Viena, causando una gran conmoción y atractivo entre el público. Así la definió el crítico del periódico de la época, el “Allgemeine Musikalische Zeitung”: “Una fantasía atrevida, salvaje y muy completa, plagada de pasajes deslumbrantes de gran belleza”. Eso sí, como en todo en la vida y en la historia, hubo detractores, que por su modernidad -se deshacía de las influencias y moldes de Mozart y Haydn-, la tacharon de “pesada, iterminable, deshilvanada”.

de la República traicionados.