sábado, 19 de junio de 2021

El “robo del siglo”: denuncian la desaparición de 120 obras de arte en Italia

 

La RAI ha comunicado a la policía que “empleados desleales” se han llevado piezas de Claude Monet, Amedeo Modigliani o Francesco Messina

 

Si trabaja en una oficina y roba un bolígrafo, bueno, se puede reponer fácilmente. Si se lleva a casa un paquete de folios en blanco, también se puede pasar página. Incluso se podría hacer la vista gorda hacia quien utilice la impresora del trabajo para imprimir el temario de examen a sus hijos. Lo que no es normal es que haya gente que trabaje en museos, con directo contacto con obras de arte originales, y decidan robar algunas de ellas para su propio disfrute. Sí, esto ha ocurrido y aquí cerca, en Italia: la RAI -televisión pública y equivalente en el país vecino a RTVE-, ha denunciado a la Policía el robo de nada menos que 120 obras de arte de sus oficinas.

 Estas desapariciones no son nuevas, sino que se llevan produciendo nada menos que desde los años 70. No obstante, ahora es cuando los directivos de la RAI han comenzado a desmantelar el caso, y de la manera más casual e inesperada: hace unos meses, una pintura se cayó de la pared en una oficina, rompiéndose el marco y dejando ver que era una copia de “Architettura”, obra de Ottone Rosai.

Ante esto, denunciaron el incidente y pronto comenzaron a identificar que los responsables de este escándalo y principales sospechosos son “empleados desleales” de la cadena pública italiana. En el caso de la obra de Rosai, el autor del saqueo fue un empleado jubilado de RAI, que admitió haber robado la pintura original y haberla vendido por 25 millones de liras en los años 70. No obstante, esto va a quedar ahí y la obra de arte nunca volverá a la colección de la RAI, pues este delito, informa “Il Messaggero”, ha prescrito.

 “Eran obras de gran valor que estaban colgadas sin ningún sistema de alarma, por lo que cualquiera podía entrar y tomarlas”, ha explicado Giuseppe Scarpa, periodista de la publicación italiana citada que investiga el caso. Por tanto, este descuido y falta de seguridad ha provocado que se hayan robado pinturas originales de Renato Guttuso o grabados de Claude Monet y Amedeo Modigliani, siendo retiradas y reemplazadas por falsificaciones. Un saqueo en toda regla y a lo que algunos ya llaman el “robo artístico del siglo”.

Asimismo, si bien la RAI está investigando su catálogo de obras de arte, muchas de las cuales fueron compradas en los años 60 y 70, se ha descubierto que faltan 120 obras originales, entre las cuales también se incluyen estatuas de bronce y oro del escultor Francesco Messina. De hecho, la RAI emitió unas imágenes donde se puede ver a un hombre metiéndose directamente en el bolsillo de su chaqueta una de estas figuras.

Si bien estas obras pueden llegar a tener un valor de unos 100 millones de euros, de manera más específica, entre ellas figuran un grabado de “Paysage de Vetheuil”, de Monet, de “Petit Fils”, de Modigliani, y de “Hampton Court”, realizado por Alfred Sisley. También se echan de menos las pinturas “Domenica della buona gente”, de Guttuso, “Vita nei campi”, de Giorgio de Chirico, “Il colosseo”, de Giovanni Stradone, y “Porto di Genova”, de Francesco Menzio.

Según la policía, estos robos comenzarían alrededor de 1996, año en que RAI realizó una exposición en Lecce (Puglia) de sus obras de arte. Y, si el escándalo parece mayúsculo, esto se aumenta teniendo en cuenta que las obras, según la Prensa italiana, fueron adquiridas a partir de la licencia de la televisión pública que pagan los hogares del país.

 

lunes, 31 de mayo de 2021

Picasso, a cada amante su joya

 

El museo barcelonés indaga por primera en su faceta más desconocida, también la más íntima y privada, y reúne joyas de artistas, de Dalí o Man Ray a Cildo Meireles

 

Jacqueline con un collar de cerámica hecho por Picasso en Cannes, 1957  

 

 

TERESA SESE

“Las joyas de Picasso, más que objetos de arte comercializables, son poesías privadas, obras íntimas”, señala Manon Lecaplain, comisaria junto a Emmanuel Guigón de Picasso y las joyas de artista, exposición que aborda por primera vez una faceta de la que él apenas habló y que hasta ahora no había sido objeto de estudio. Lo cual no deja de ser sorprendente. Porque a lo largo de su vida, el artista creó para las mujeres de su entorno –compañeras, amigas, amantes– una gran diversidad de piezas sumamente personales que son como “un termómetro de sus relaciones” y “un catalizador de sus emociones”, al tiempo que le sirvieron de campo de experimentación artística. Como si fueran esculturas en miniatura.

“Pablo, que estos día va bien de dinero, me ha regalado unos grandes pendientes de oro, muy ligeros, hechos a mano (...) No me los quito ni para dormir”, escribió Fernande Olivier en sus memorias, aunque Lecaplain la contradice: sí se los sacó, y muchas veces, utilizándolos como si fueran un barómetro de su vida de pareja, entraban y salían “cuando los amantes se reconciliaban después de la tormenta”. Regaló también joyas a Eva Gouel, a Gabrielle Depeyre, a Olga Khokhlova... Pero fue Dora Maar, ya a mediados de los años 30, la que despertó su pasión por la creación de joyas. Al principio son colgantes broches, medallones y anillos que compra en los mercados y a los que añade retratos grabados y dibujos. Luego, en las playas de Juan-les-Pins, recoge huesos, conchas y vidrios que decora con un cuchillo o unas pinceladas en las que, como en una suerte de eco de su obra plástica, la representa como una fauna o como la mujer que llora. Algunas de estas piezas sólo se conocían por las fotos de Dora Maar, a quien Picasso pidió que retratara, encargo que también trasladó a Brassaï. Este último, en sus Conversaciones con Picasso , relata la fascinación que sentía el malagueño por los guijarros que encontraba en la arena (“son tan bonitos que me cogen ganas de grabarlos todos”) y su sueño de devolverlos al mar una vez transformados: “Serían auténticos rompecabezas para los arqueólogos”.

 


"Las joyas de Picasso, más que objetos de arte comercializables, son poesías privadas, obras íntimas”, señala Manon Lecaplain

Al final de sus días, con 90 años, las joyas siguen presentes en los cuerpos de las prostitutas de los grabados que dedica a Degas. “Pendientes, brazaletes y collares aparecen tan marcados como el sexo de las prostitutas”, apunta la comisaria. En la exposición se puede contemplar también el collar con colgante en forma de búho que creó para Françoise Gilot (la pareja había encontrado un ejemplar herido en el museo de Antibes), el hueso en el que el artista creyó ver una costilla de Adán (“te grabaré una Eva”) o la cabeza de un sátiro en bronce que a ella le disgustaba por su excesivo peso.

Con Gilot se introdujo en la cerámica en el Taller Madoura, en Valauri, donde hizo emerger centenares de medallones (desde rostros femeninos a un relieve con un hombre desnudo en erección), y en los años 50 descubre la técnica de la cera perdida gracias a su dentista, Roger Chatagner, y crea joyas en oro y plata para Jacqueline Roque. Hasta los años 60 se trataba de piezas únicas, destinadas a sus personas más cercanas, pero a partir de entonces también ensayó la producción en serie.

La palabra joya viene de juego, recuerda Guigon, quien en una segunda sala ha reunido una selección de la extraordinaria colección Clo Fleiss de joyas de artista. Anillos, brazaletes, colgantes, diseñados con extraordinaria libertad por artistas como Meret Oppenheim (un brazalete hecho con piel que daría lugar a su icónica taza peluda), los pendientes de oro de Dalí inspirados en las conversaciones entre Chamberlain y Hitler, las maravillosas creaciones de Giacometti o Calder, las arañas de que Louise Bourgeoise realizó en colaboración con el español Chus Burés o el anillo bomba de Cildo Meireles, un barril de petróleo con pólvora comprimida en su interior y una lente que, expuesta al sol, lo haría explotar.