jueves, 13 de abril de 2017



El inmortal beso de Greta Zimmer y George Mendonsa el Times Square el 14 de agosto de 1945. Alfred Eisenstaedt


Greta Zimmer Friedman, según su relato, no supo que la habían fotografíado hasta 20 años después. Una investigación la confirmó en 2012 como la enfermera frente a otras pretendientes


Esta es la historia de un beso eterno. El que la enfermera Greta Zimmer Friedman y el marinero George Mendonsa, según su propio relato, se dieron el 14 de agosto de 1945 en Nueva York sin conocerse ni decirse los nombres. Un encuentro nacido para el olvido y que, sin saberlo ellos, inmortalizó Alfred Eisenstaedt e hizo mundialmente famosa la revista Life. La imagen simboliza como pocas el fin de la II Guerra Mundial. Un icono que pasados más de 70 años y pese a que nunca se ha acallado la polémica sobre la verdadera identidad de la pareja está destinado a sobrevivir a sus protagonistas. Eisenstaedt, que alcanzó la gloria al retratar a personalidades tan dispares como Joseph Goebbels, Albert Einstein, J.F. Kennedy o Marilyn Monroe, murió en 1995. Y el jueves pasado le llegó el turno a Greta Zimmer. A los 92 años, con la cadera rota, osteoporosis avanzada y una neumonía fulminante, falleció en Virginia. Sólo Mendonsa, un pescador retirado de 93 años, sigue con vida.
El relato de la fotografía es el de una casualidad. Zimmer, que en realidad era asistente dental, siempre contó que salió de la clínica aquel 14 de agosto para comprobar si era verdad lo que había escuchado en el trabajo. Muy cerca de su oficina, en Times Square, en pleno corazón de Manhattan, halló la respuesta. La algarabía reinaba. Los cárteles luminosos, como recordaría años más tarde, parpadeaban con frenesí: V-J Day (Día de la Victoria sobre Japón).


Greta Zimmer y George Mendonsa en los años cuarenta

“De repente, me agarró un marinero. No fue tanto un beso como un acto de celebración: él ya no tenía que volver al Pacífico, al frente donde había combatido. Me tomó en brazos porque me vio vestida como una enfermera y estaba agradecido a todas las enfermeras. No fue algo romántico, sino una forma de decir: ‘Gracias a Dios, la guerra ha terminado”, contaría 60 años después Greta. “Yo había ido con una amiga a un show al Radio City Hall, cuando interrumpieron para decir que la guerra había acabado. Salí fuera, estaba exultante, vi a una enfermera y la besé por pura alegría”, recordaría Mendonsa.

Tras el beso, ambos se separaron. No se pidieron los nombres. No volvieron a verse. Greta, siempre según su relato, ni siquiera supo que le habían tomado una foto. Eso lo descubrió casi 20 años después cuando miraba el libro El ojo de Eisenstaedt. Allí, en una imagen titulada V-J Day, se vio a sí misma sin identificar.
Escribió a Life para pedir una copia. No se la dieron. Es más, le indicaron que muchas personas se habían hecho pasar por la enfermera y que ellos ya habían encontrado a la auténtica. Greta no le dio mayor importancia.

No fue sino hasta 1980 cuando Life reinició la búsqueda y volvió sobre sus pasos hasta dar con Greta. Eisenstaedt, según la versión de ella, le pidió disculpas por tanto tiempo de anonimato. Pese a ello, durante años aparecieron otras personas que se consideraron la enfermera. Aunque nunca se apagó el fuego de la duda, ayer medios estadounidenses y agencias internacionales daban el homenaje final a Greta. En esta determinación tuvo un


peso fundamental la publicación en 2012 de una detallada investigación que concluía que Greta y George eran los protagonistas de la imagen.

Greta Zimmer y George Mendonsa en Times Square en 2012.

También jugó a favor el reencuentro en 2012 de ambos ancianos en Times Square. Hubo fotos y brilló en las noticias. Pero ya no fue lo mismo. Ya no eran la enfermera ni el marinero. No estaba presente la blanca curvatura de Greta ni el ímpetu de George. Tampoco se sentía el aliento de la guerra, de la devastadora barbarie que acabó con 60 millones de vidas. La victoria se había vuelto pasado. Aquello que hizo que la imagen de 1945, con su glorificación de la vida, pasara a la historia era un recuerdo.


Greta Zimmer nunca creyó haber merecido la fama: “Fue algo que ocurrió, no que hice”. Su vida, de hecho, no se detuvo en la melancolía. Judía de origen austriaco, sus padres murieron en el Holocausto y ella pisó tierra estadounidense a los 15 años. Terminado su trabajo de asistenta dental, dio rienda suelta a sus pasiones: obtuvo una licenciatura en artes, tuvo dos hijos y al final de sus días se dedicó a restaurar libros. En sus fotografías de familia, aparece como una anciana pletórica.
Tras su muerte, sus parientes anunciaron que será enterrada junto a su marido, un general de infantería, en el cementerio de Arlington. En sus años finales, aunque siempre distante, mantuvo contacto con George, también casado. Ambos, con delicadeza, se enviaban postales de navidad. En la eternidad quedarán unidos por un beso que se dieron como desconocidos.


Las dos muertes de la enfermera


El beso de Times Square ha tenido desde sus inicios múltiples pretendientes. En blanco y negro y con los rostros parcialmente tapados, la identificación de los protagonistas nunca se aclaró del todo. Once hombres reclamaron ser el impetuoso marinero y tres mujeres, la enfermera. Una de ellas, Edith Slain, muerta en 2010 a los 91 años, llegó a ser considerada durante años como la auténtica. “Le dejé besarme porque había estado en la guerra”, decía esta profesora de educación infantil de Beverly Hills.

Gran parte de este debate se debió a que el experimentado Alfred Eisenstaedt, al tomar la imagen, no preguntó los nombres de los protagonistas y en la publicación de Life aparecieron sin identificar. Tampoco el fotógrafo fue capaz posteriormente de aclarar qué pretendiente era el verdadero.

El resultado fue una controversia interminable, en la que poco a poco Greta Zimmer Friedman y George Mendonsa ganaron puntos. El Proyecto de Memoria Histórica de los Veteranos de la II Guerra Mundial la entrevistó como tal y ahí la antigua asistente dental pudo dar su versión completa. Pero el mayor impacto procedió del libro El marino que besaba: el misterio detrás de la fotografía que puso fin a la Segunda Guerra Mundial. En esta investigación, publicada en 2012, Lawrence Verria and George Galdorisi, tras recoger infinitud de testimonios e indicios, entre ellos la estatura y el pelo, destronaban a Shain y daban el reconocimiento a Greta Zimmer, una judía austriaca, cuyos padres habían muerto en el holocausto.
Aunque el misterio posiblemente nunca desaparecerá, ayer la muerte de Greta, al igual que hace seis años la de Slain, fue recogida por grandes agencias y medios estadounidenses. Por segunda vez, moría la protagonista del beso eterno.

martes, 11 de abril de 2017

El gran salto mortal de Mao



Un nuevo trabajo esclarece las circunstancias de la hambruna de 1958-1962 en China, la mayor en la historia de la humanidad.
ÁNGEL VIVASMadrid


Con su gusto por las metáforas y los eslóganes, Mao Zedong sintetizó a finales de 1957 en la consigna del Gran Salto Adelante la necesidad de que China se industrializara y avanzara económicamente. La economía china -de nuevo las metáforas- caminaba sobre dos piernas, la industrial y la agrícola, y toda la sangre de la segunda debía pasar a la primera; al contrario que en Rusia, la industrialización de China se llevaría a cabo en el campo. El método: colectivización de la tierra y organización del campesinado en comunas militarizadas. El desbarajuste provocado en la economía por esa colectivización forzosa e irracional de la tierra causó una hambruna que ha quedado como la mayor de la historia de la humanidad: 45 millones de cadáveres (según las últimas estadísticas). El Gran Salto Adelante se convirtió en el Gran Salto Mortal para los chinos que padecieron aquella iniciativa delirante.
La cifra de muertos la da Frank Dikötter, autor del estudio más minucioso y reciente sobre el asunto, La gran hambruna en la China de Mao. Historia de la catástrofe más devastadora de China (1958-1962), que acaba de sacar Acantilado. La gran hambruna fue, durante mucho tiempo, el gran secreto del maoísmo. Sólo en 1988 el régimen se atrevió a dar la cifra oficial de 23 millones de muertos. El libro negro del comunismo, especie de Causa General contra estos regímenes, apunta un máximo de 43 millones para el periodo 1959-61; y David Priestland, autor de una historia del comunismo (Bandera roja, Crítica), entre 20 y 30 millones para el periodo 1958-61. El trabajo de Dikötter, profesor de las universidades de Hong Kong y Londres, se basa, entre otras fuentes, en archivos chinos recién abiertos y en entrevistas con supervivientes del periodo. Un trabajo demoledor que se inicia así: "Entre 1958 y 1962 China descendió al infierno" y califica el Gran Salto Adelante y la hambruna como el acontecimiento clave en la historia de la República Popular de China y «uno de los mayores asesinatos en masa de la historia humana».
Para que ocurriera esa catástrofe confluyeron varias causas. La primera, la imperiosa necesidad de desarrollar rápidamente, quemando etapas, un país atrasado (China, como Rusia, no era el país de capitalismo avanzado que habían imaginado Marx y Engels para el surgimiento del socialismo). Además, la tendencia suicida al voluntarismo y la ingeniería social, la fe inquebrantable para mover montañas y el exceso de ideología que llevaba a preferir las iniciativas del pueblo llano e iletrado sobre las ideas de los expertos. Más aun, aquellos dirigentes con todo el poder en sus manos contaban con la propaganda y la capacidad de falsear los datos cuando la realidad contradecía sus previsiones y las montañas no se sometían a sus deseos. Un voluntarismo visionario a prueba de bombas que llevaba a plantear metas inalcanzables, poder monolítico, corrupción y miedo fueron los elementos de una tormenta perfecta que acabó con 45 millones de chinos.
Además de ese cúmulo de causas, Mao veía a China como un país pobre (inclinado, por tanto, a la revolución) y en blanco (ideal para escribir en él). Sin olvidar las eternas luchas por el poder. El Gran Salto Adelante era también una huida adelante para someter a sectores críticos que cuestionaban el liderazgo de Mao y reivindicaban la dirección colegiada del partido. Al proyecto de adelantar a Gran Bretaña en 15 años (luego serían menos), síntesis del Gran Salto, se llega en un ambiente de autocríticas humillantes, "seminarios de rectificación", purgas sistemáticas y culto a la personalidad.Así se puso en marcha el proceso, tratando de sustituir el capital por el trabajo (que llegaría a ser esclavo), dado que las masas constituían la verdadera riqueza del país. China cayó presa de una fiebre por los objetivos, con cifras de producción estratosféricas e irrealizables, mientras los campesinos eran encuadrados en comunas y el país se militarizaba.
Al hambre se sumó la feroz represión política para todo el que no cumpliera los objetivos, flaqueara o fuera sospechoso de desafección. Que el desatino fue político lo prueba el que el mayor número de muertos se diera en las zonas dirigidas por maoístas radicales.