martes, 7 de marzo de 2017

Thyssen contra Thatcher: Los esfuerzos de la Dama de Hierro por «robar» la colección a España



La mandataria británica hizo todo lo posible para que la colección del barón se quedara en suelo británico, según desvelan ciertos documentos desclasificados del Archivo Nacional de Reino Unido.


Quien iba a decir a la baronesa Thyssen que sus perros conseguirían más fama incluso que los de la propia soberana Isabel II. Al menos por un día, el mismo en el que ha salido a la luz la razón principal por la que la colección de su marido, el barón Thyssen, acabó finalmente en España y no el Reino Unido. Los nuevos documentos desclasificados por el Archivo Nacional de Reino Unido y examinados por la revista «The Art Newspaper» no tienen desperdicio. Hans Heinrich von Thyssen-Bornemisza hizo saber a finales de los años 80 que deseaba encontrar un nuevo hogar para la que en ese momento se consideraba la mejor colección privada del mundo y que hoy sigue siendo una de las más importantes del planeta sin lugar a dudas. En concreto 1.365 obras maestras que incluyen a Van Gogh, Monet y Caravaggio, entre otros maestros, valoradas en 1.2 mil millones de dólares por Sotheby’s (una cifra astronómica) y que habían sido adquiridas por su padre, un industrial de origen alemán.
El 7 de abril de 1988 el Gobierno español dijo que había llegado un acuerdo preliminar para que las obras se quedaran en suelo español. Sin embargo, Peter Smithers, un diplomático británico, se apresuró a señalar que el anuncio era «un último esfuerzo desesperado de la baronesa Thyssen para asustarnos y evitar que Reino Unido realizara una oferta». El mismísimo Robin Butler, secretario del gabinete de Margaret Thatcher y más tarde Lord Butler de Brockwell, fue enviado a casa del barón en Lugano el 21 de mayo de ese mismo año. Hasta Villa Favorita le condujo un avión. Su misión era clara y no podía volver sin resultados, pero las cosas se torcieron. La baronesa (a quien los consejeros de la mandataria conocían como «la quinta edición» porque era la quinta esposa del barón) excusó su presencia en la reunión ya que su perro favorito estaba enfermo. La mascota, de hecho, murió a los pocos días.
La Thyssen Gallery
Lord Butler ofreció en aquella reunión una nada desdeñable cantidad y fijó las condiciones en que se produciría el acuerdo si finalmente se quedaban los cuadros en suelo inglés: 120 millones de libras por las pinturas, 48 millones para el museo, que se construiría en Canary Wharf, al este de Londres, y 4 millones de libras al año por los costes de mantenimiento. Todo estaba dispuesto para que la Thyssen Gallery, que así se llamaría, se asentara en suelo inglés, pero las negociaciones finalmente no prosperaron a pesar de los esfuerzos denodados por Thatcher y su equipo de asesores. La baronesa y su pequeño perrito las dinamitaron. De todos es sabido que Margaret Thatcher no sentía precisamente pasión por el mundo del arte, aunque había sabido ver en esa colección una oportunidad de oro para poner un broche a las celebraciones del milenio. Podría tener a la mano un ramillete de los más grandes maestros de la historia de la pintura.
La Dama de Hierro estaba altamente interesada en la historia y Butler le dijo que el barón estaba «muy impresionado» con la oferta, pero que lamentablemente no había podido conocer a su esposa. «Llegué incluso a pensar que la enfermedad del perro podría haber sido una excusa de índole diplomática, pero supe más tarde que el animal había muerto al poco tiempo. En cualquier caso, la baronesa estaba determinada a que las pinturas se quedaran en España», relata Butler al diario «The Times», quien da por sobreentendido que no atravesaba por su mejor momento anímico, quizá apenado y no repuesto por la pérdida del can: «Estaba angustiado y no había podido estudiar las propuestas, aunque le habían impresionado gratamente», asegura Butler.
Se llegaron a barajar diferentes sedes para colgar la colección: Londres, Brimingham y Roterham eran tres vértices idóneos, un tema que acabó por convertirse en un caballo de batalla para la política, pues sus funcionarios la insistían en que el futuro museo debía «estar cerca de un aeropuerto para que así el barón no tuviera problemas a la hora de utilizar su avión privado», se lee en los documentos. Además, el coleccionista deseaba un espacio lo suficientemente amplio como para que sus obras «no luzcan como sellos, pegadas unas al lado de las otras y en fila», de ahí que se hubiera considerado edificios en el centro de la capital o una construcción de nuevo cuño en Birmingham o un edificio del siglo XVIII en Rotherham, la casa más grande de propiedad privada en Europa y que fue rechazada por el barón Thyssen por estar demasiado lejos.
Decisión a tres bandas
Las esperanzas británicas se desvanecieron pocos meses después, el 30 de mayo, cuando el barón redactó un escrito en el que confirmaba que había elegido España finalmente como destino para la colección que se muestra desde 1992 en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid y que fue adquirida por 265 millones de euros. La decisión la había tomado conjuntamente con su esposa y su hijo mayor. Habían barajado las ofertas y decidido decantarse por la capital de España como sede definitiva. Thatcher le contestó de vuelta de su puño y letra haciéndole partícipe de que era sabedora de lo que la colección significaba para él y de que la decisión final había tenido que ser harto complicada.
Reino Unido no fue el único amor que tuvo la colección, en la que figura una extensa lista de pretendientes. El barón tenía por aquel entonces, a fines de los ochenta, sesenta y seis años. Se encontraba en la flor de la vida y tenía ganas de luchar. Estaba abierto a escuchar las ofertas que le legaran. No faltaron propuestas desde Barcelona, Bonn o Sttutgart. Del Museo Getty de Los Ángeles también se interesaron con una más que suculenta oferta que ponía sobre la mesa la cantidad de quinientos millones de dólares por la colección. Sin embargo, el barón terminó por desdeñarla debido a que no confiaba en la fundación Getty. Una portavoz de la citada institución ha asegurado que, efectivamente, «Nos discutimos el precio de adquisición».

Sea como fuere, lo que es innegable es el enorme cariño que Carmen Cervera profesaba hacia su pequeño perro blanco: a la entrada del Museo Thyssen de Madrid se la puede ver en un óleo pintado por Macarrón (ella viste un traje largo y blanco) junto al can, a los pies de la baronesa, que mira fijamente al espectador. Esa pequeña mascota a buen seguro que permanecerá atónito ante las negociaciones que estos días se libran en Madrid sobre el futuro de la colección de Carmen Thyssen, ahora mismo en el aire. El plazo para llegar a un acuerdo expira en el mes de abril. Desde el museo, su director artístico se mostraba días atrás bastante optimista con el futuro de la colección: «Seguro que se alcanza un acuerdo y las obras continúan en suelo español», declaraba Guillermo Solana. Cada vez queda menos tiempo para conocer cómo acaba este culebrón que parece no tener fin.





domingo, 5 de marzo de 2017

Salen a la venta en Inglaterra 73 fotos inéditas de Hitler



Proceden de un álbum de su amante Eva Braun rescatado por un fotógrafo británico en el búnker de Berlín
Aunque probablemente se trata del mayor asesino de la historia, todo lo relacionado con Adolf Hitler (1889-1945) sigue suscitando un morboso interés. El próximo 15 de marzo, una casa de subastas del Sureste de Inglaterra sacará a la venta un álbum de fotos que perteneció a Eva Braun, la amante y luego esposa del genocida. El precio de salida es de 21.600 euros. La curiosidad es que entre las 73 imágenes inéditas hay algunas de Hitler y su camarilla en un ambiente relajado, que rompe el escrupuloso cuidado de su imagen de los nazis. En una de las fotos, Hitler pasea por un camino de su mansión de descanso de Berghof, en los Alpes bávaros, con un gesto que casi parece una de las parodias que le dedicó Chaplin.



Pocas semanas después del suicidio, el fotógrafo de guerra inglés Edward Dean entró en el búnker berlinés de Hitler con las tropas rusas y con el afamado periodista Richard Dimbleby. Un soldado soviético abrió a punta de bayoneta el armario cerrado de la habitación de Eva Braun. Había ropa interior, un frasco de colonia y un álbum de fotos con la esvástica dibujada en portada. El fotógrafo se quedó con el cuaderno, que todavía hoy, 72 años después, se asegura que huele a la colonia de Braun.

Coleccionistas
En los años ochenta, Dean vendió el álbum a un coleccionista de recuerdos de su guerra, quien tras guardarlo durante treinta años lo vendió a otro, que a su vez lo saca ahora a puja en la casa de subastas C&T, de Ashford (Kent). Las fotografías ven así la luz pública por vez primera. La novedad es que algunas de ellas muestran imágenes ligeras de Hitler y su círculo de colaboradores, figuras tan terribles y conocidas como Himmler, Goering y Goebbels. En dos de las instantáneas, Hilter sonríe rodeado de niños y vecinos de Berghof. En otra medita con unos papeles en la terraza de su refugio alpino y en la más curiosa pasea con pose chaplinesca. Goering, el responsable de la Lufwaffe, aparece subiendo a un coche. Goebbels, jefe del aparato de propaganda, es aclamado por una multitud en Berghof, y Himmler, el implacable líder de las SS, sonríe a la cámara de manera aviesa.
No sé sabe quien tomó las fotografías, pero se cree que dado el nivel de acceso, el autor tuvo que ser un escolta o la propia Eva Braun, que es lo más probable, pues no aparece en las imágenes. Braun tenía conocimientos de fotografía y son bien conocidas ya muchas películas cortas e imágenes de tono idealizante que tomó en Berghof.

Fotógrafos de Hitler
«Los fotógrafos de Hitler eran muy cuidadosos con la imagen y es muy raro ver fotos de él que no hayan pasado por la censura», explican en la casa de subastas inglesa. También señalan que «en el mercado abierto hay muy pocos objetos de los últimos días del búnker de Berlín». Otras fotos muestran el despacho vacío de Hitler en la cancillería del Reich, en Berlín, y a soldados alemanes en todo positivo.

Desde 1935, Hitler pasó casa vez más tiempo en su refugio de Berghof, un chalé alpino en origen, que fue ampliando sucesivamente, hasta dotarlo de un sistema de comunicaciones que le permitió dirigir desde allí la guerra. A los ingleses les queda el desdoro de que allí recibió corteses visitas de Neville Chamberlain, Lloyd George y los Duques de Windsor. Los coqueteos nazis de Eduardo VIII, que abdicó en diciembre de 1936 y pasó a convertirse en Duque de Windsor, se consideran bien probados. En 2015 apareció una polémica película casera de 1933, en las que siendo niña la actual reina Isabel hacía el saludo nazi animada por su tío Eduardo. Se cree que quien rodó la bochornosa imagen fue el padre de Isabel, el futuro rey Jorge VI, muy aficionado al cine y la fotografía.
Berghof fue bombardeado con intensidad por los británicos solo doce días antes del fin de la guerra. En 1952, el Gobierno alemán lo derruyó para que no se convirtiese en un santuario neonazi.


viernes, 3 de marzo de 2017



Sotheby’s muestra con una puja de 206 millones que el mercado recupera el pulso tras el bache de 2016
Tras el bache del año pasado, generado en parte por las incertidumbres del Brexit, la fiesta ha vuelto al mercado del arte londinense. Una subasta en Sotheby’s, titulada «Impresionistas & Arte moderno», con obras entre otros de Picasso, Klimt, Modigliani y Gauguin recaudó en la noche del miércoles el equivalente a 206 millones de euros, lo que la convierte en una de las más exitosas celebradas en la ciudad. En la víspera, otra puja en su rival Christie’s había indicado ya que el mercado recupera el pulso, con ventas por 160 millones de euros, un 45% más que las de la misma sala en estas fechas del años pasado.


La estrella de la subasta de Sotheby’s fue «Bauerngarten», un paisaje floral de Gustav Klimt de 1907, que el año pasado se había mostrado en una exposición sobre cuadros de jardines celebrada en la Royal Academy de Londres. La obra se vendió por 55,8 millones de euros, frente a los 42 de salida. Cuatro compradores anónimos rivalizaron en la puja y cuando se saldó con una oferta por teléfono el personal de la casas prorrumpió en aplausos y gritos de «bravo». El pintor simbolista vienés está de moda. Según Bloomberg, la presentadora estadounidense Oprah Winfrey habría vendido un Klimt a un comprador chino por 150 millones de dólares.
LUIS VENTOSO Corresponsal En Londres
La tercera más cara
La obra de Klimt vendida este miércoles en Sotheby’s es la tercera más cara de la historia de las subastas en Londres, solo superada por «Hombre caminando» de Giacometti (75 millones de euros) y «La masacre de los inocentes» de Rubens (58 millones).

Picasso, como siempre, también funcionó bien, con la venta de cuatro de sus obras. La más cara fue «Plata de tomates», pintura cargada de simbolismo, porque pintó la tomatera que creció en el balcón de su apartamento parisino durante la ocupación nazi. Se vendió por 19,8 millones de euros, con un precio de salida de 17. Otros tres cuadros de Picasso, dos de ellos retratos de mujeres, sumaron 33 millones de euros. «El retrato de Baranowski», una curiosa obra de Amadeo Modigliani, totalizó 18,6 millones de euros, un millón más que el precio de salida