martes, 6 de septiembre de 2016

La madre del asesino de Trotsky: una militante sin concesiones



UNA BURGUESA AL SERVICIO DEL ESTALINISMO


Una biografía sobre Caridad Mercader revela que tuteló el crimen cometido por su hijo


Caridad del Rio Mercader, madre del asesino de Trotski



El día en que su hijo mató a Trotski, en el momento en que le clavaba el piolet, ella le esperaba en una calle próxima a la casa. Dentro de un coche. Caridad tuteló todo el largo proceso que había llevado al asesinato. “Dicen que le dio la bendición y esperó. Hay muchas formas de darse valor mutuamente. Lo que parece que Caridad le dio fue el último empujón”, escribe Gregorio Luri en El cielo prometido. Una mujer al servicio de Stalin (Ariel), un adictivo y minucioso libro y que le ha llevado dos décadas de cocción. La idea se gestó cuando el azar quiso que Luri conociera a Luis, hermano de Ramon Mercader. “¡Una mujer terrible, terrible!, le comentó el hijo pequeño de esta saga (su padre biológico no era Pablo Mercader, como el resto de hermanos). Esa circunstancia había supuesto un cisma para la familia.
Ese 20 de agosto de 1940 Ramon Mercader, un hombre de partido, con una presencia física imponente, se había mostrado nervioso como nunca con Sylvia, su novia. Sylvia Ageloff fue la mujer –mecanógrafa y ayudante de Trotski– a la que hizo creer que estaba enamorado para abrirse camino hasta el dirigente. Primero intentó logar la ayuda de Frida Kahlo, pero esta se la denegó.
Ramon había tenido otras novias, todas comprometidas con la causa comunista, como Lina Imbert (que prefirió dispararse un tiro en la sien antes que confesar ante un grupo falangista) o Marina Ginestà (eterno rostro de guerrillera, fusil en ristre, en la mítica foto tomada en el hotel Colón, de apenas 17 años). Así lo recordaba Teresa Pàmies: “Lo que se dice un chico guapo, bien plantado y simpático. Las chicas se lo rifaban (...) Carismático. Le contabas tu vida sin darte cuenta. Era encantador”.


Ramon Mercader: ficha policial


Pero... ¿cómo era, en realidad, Caridad del Río (tomó el apellido Mercader de su marido)? Parece que nació en Santiago de Cuba en 1892 (ni siquiera esa fecha es segura) y que hasta los treinta años fue una burguesa de manual que amaba montar a caballo, nadar y fumar cada día dos paquetes de Gauloises sin filtro. Ni sus cinco hijos –todos en escuelas religiosas– ni un esposo complaciente, Pablo Mercader, le parecieron suficientes motivos de felicidad. Caridad se licenció en matemáticas en la Sorbona. Estricta, resuelta y soñadora se aferró a lo que le parecía mucho más intenso: la causa comunista. La familia de su esposo llega a ingresarla en un sanatorio psiquiátrico en Sant Gervasi donde recibe “terapia electroconvulsiva”. La llamaban La heroína de las Drassanes.
Tras el asesinato, Ramon Mercader pasó veinte años en la cárcel, previo paso por mil horas de sesiones psiquiátricas. Ahora que se estrena la película El elegido de Antonio Chavarrías cabe recordar aquella otra película sobre el asesinato de Trotski, de Josep Losey, protagonizada por Alain Delon. “Ramon era mucho más guapo”, dijo Sara Montiel, que visitó muchas veces a Ramon en su celda. Él acabó viviendo con Roquelia, una mujer que al ver su foto en el periódico quedó perdidamente enamorada.
Nunca logró olvidar el grito de Trotski al recibir el impacto del piolet. “Tan largo, infinito, que me perfora aún el cerebro”. Para muchos de los testimonios del libro Ramon no fue un “criminal sanguinario sino un asesino político, un hombre atrapado en sus convicciones”. En cualquier caso no le exime de sus actos.
El 6 de mayo de 1960 Ramon Mercader es puesto en libertad. Le asignan un amplio apartamento en Sokol, barrio residencial. Le conceden también una dacha en Krátova, a 42 kilómetros de Moscú, y una pensión del comité central y del KGB que era equiva­lente a la de un general de división retirado. Murió en el año 1978. Sus cenizas fueron transportadas por su mujer y sus hijos a Moscú.
“Creo que Caridad amó a sus hijos... a su manera”, afirma Gregorio Luri. Se sintió siempre culpable del crimen que permitió que perpetrara su hijo y pasó años atormentada por dar con la fórmula que lo sacara de la prisión de México. Acabó sus días en una desesperante soledad, recordando a Pablo, el hijo que perdió en el frente. Ya no era aquella mujer que había glosado el diario Treball: “Nuestra excelente camarada Caridad Mercader, que tan bravamente se batió en Barcelona y Huesca, continua gravemente herida, pero fuera de peligro...”.
Todos los españoles “que vivieron en el paraíso soviético sabían que estaban en el infierno de Dante y soñaban con escapar de él”, le escribe Yves Monino al autor de esta biografía. Al final de libro, Gregorio Luri, buen conocedor de las disciplinas pedagógicas, le pregunta a Jean-Michel Kantor (para quien Caridad fue como su abuela) con qué recuerdo se queda de ella. “¡Con su éclat de rire!”, le contesta. En palabras de Alain Minc esa risa era “demasiado violenta para ser un signo de alegría vital, pero suficiente para traducir la violencia misma de la vida”.
Madre e hijo habían pasado muchos veranos en Sant Feliu de Guíxols, recuerdos de la infancia que Ramon mantuvo intactos. Al final de su vida dijo que aquel era “el paraíso” del que nunca hubiera querido salir.



martes, 30 de agosto de 2016

Amado por Hitler y la Unión Europea. Aquí hay cuatro razones por las que Beethoven nunca muere.



Esta semana es el Festival Beethoven en Oslo, donde se reproducirán todas las sinfonías de dos semanas.
Hay algo acerca de Ludwig van Beethoven que le hace no dejar ir, a pesar de que es casi 200 años desde que murió. Oslo Philharmonic Orchestra abre la temporada 2016-2017 con un mini-festival en su honor , y el festival de música contemporánea Ultima hizo Beethoven el punto de apoyo para el festival de este año.
¿Qué es lo que hace que Ludwig van Beethoven se las arregla para compensar destacar tanto la programación orquestal y festivales de música contemporánea en el 2016?
Aquí hay cuatro razones por las que Beethoven nunca muere.
1.      validez general
"Todo" le gusta Beethoven y siempre lo ha hecho. Decenas de miles de personas lo siguieron hasta la tumba en Viena en 1827, y desde entonces ha estado en la tabla de clasificación para una amplia gama de personas prominentes.
Cuando Aldof Hitler celebró su cumpleaños en 1942 se hicieron con la novena sinfonía de Beethoven interpretado por la Filarmónica de Berlín y director de orquesta Wilhelm Furtwängler. Unos años más tarde se convirtió en el tema principal de la misma sinfonía hecha de himno oficial de la UE y un símbolo de la comunidad europea. ¿Cómo puede la misma música representar ideologías tan diferentes?
película de Stanley Kubrick La naranja mecánica (1971) adquiere el grano. La película explora la libertad individual enfrentado contra el bien común, y utiliza la novena sinfonía de Beethoven para ilustrar el punto: es la música que expresa la comunidad, pero que, obviamente, no podría haber surgido sin la libertad absoluta del compositor.
La música de Beethoven es sobre el equilibrio entre el individuo y la comunidad, entre el caos y el orden, pero no proporciona una respuesta clara. Por lo tanto, su música usado y abusado libre y Beethoven puede ser a la vez un ídolo para la totalitario y un símbolo de la comunidad que funcione bien.
El mito del artista
Beethoven presenta a menudo como la encarnación del mito romántico del artista: testarudo, atormentado y solitario - sino un genio artístico.

Se adapta en cierta medida. Fue uno de los primeros compositores que rompieron con la nobleza y no se pudo contratando como habían hecho alguien compositor tales predecesores Haydn y Mozart. Con el fin de componer como lo haría, le sobrevivió como un artista libre y recogidos los honorarios de los editores, alumnos de piano y algunos generoso benefactor.
El aumento de la sordera hecho lo suficiente el eterno soltero Beethoven más y más irritable y se retira - pero en una de sus más famosa carta sugiere una mentalidad diferente, "Oh, ustedes que me consideran como o me declare hostil, terco y misántropo - lo que hace mal me hacen! "
Los mitos que rodean a Beethoven todavía viven en el mejor de salud, y la imagen glorificada del artista solitario genio - verdad o no - es todavía una imagen muy comercial.
¿Quieres escuchar sinfonías, pero no saben lo que la grabación para elegir? Escucha nuestras tres recomendaciones de las sinfonías completas de Beethoven.
. Macho Man
Beethoven y su música es a menudo considerado como la parte superior de la masculinidad musical - para mejor o peor. Cuenta con varias clavijas: Música y composición no eran actividades masculinas clásicas de los contemporáneos de Beethoven, pero su participación política y las ideas revolucionarias en parte, lo sitúan todavía muy por encima de los contemporáneos consideraban como la esfera masculina.
Gran parte de su música se interpreta a menudo con una especie de "narrativa héroe" donde los sujetos que luchan por el desarrollo de la música y termina en una especie de victoria. musicólogos modernos ayuda a poner en duda la idea de la masculinidad como musical, pero Beethoven todavía tienen una apariencia de "tipo duro brusco" que fascina hoy.
También se manifiesta en actuaciones de maratón de la música de Beethoven. Jugando todos Beethoven en un determinado formato se ha convertido en una especie de fuerza para muchos músicos y conductores.
Oslo String Quartet hizo con los cuartetos de Beethoven en la serie de códigos hace unos años, Leif Ove Andsnes ha viajado con sus conciertos para piano durante varios años, y ahora es el turno de la Filarmónica y Vasily Petrenko para luchar a través de las sinfonías. Es resistente y exigente, y es considerado uno de los más que uno puede hacer - como un mundo de la música de Iron Man .
El revolucionario
Beethoven rompió con montones grandes y pequeñas convenciones musicales a lo largo de su vida. La forma sonata fue aplastado con la enorme, la última sonata para piano ( Op. 111 ), el cuarteto de cuerda nunca fue la misma después de los cuartetos de Beethoven 'loco' , y la serie de sinfonías rompe lentamente con todo kutyme sinfónica antes de que culmina en el noveno sigue siendo un símbolo de la casi completa libertad musical.

Pero no es sólo la música de Beethoven fue revolucionario. Vivió a través de las guerras napoleónicas y siguió las ideas de la revolución francesa de la libertad y la fraternidad de cerca.
Como diecinueve años de edad, escribió una cantata en honor a la reformista emperador José II, y la tercera sinfonía (Eroica) es conocido por haber sido primero dedicado a Napoleón - antes de Beethoven rompió la portada por los suelos cuando supo que Napoleón había coronado emperador .
Beethoven tenía una sincera creencia de que la música podría hacer mejor a las personas. En una carta a un amigo en 1800, escribió: "Cuando la prosperidad de nuestra patria es mejor, entonces usted tiene mi arte hecha sólo para el beneficio de los pobres. Oh momento de felicidad, la misma suerte que siento que puede contribuir a esto, que puedo hacerlo ".
Es esta disposición general a cambiar - tanto en lo político como en lo musical, el grande y el pequeño avión - que hace Beethoven puede tener un lugar natural también música contemporánea.
Él es el símbolo de la nueva, y la creencia de que la música puede tener un impacto mucho más allá de los fines estéticos y de entretenimiento.

Beethoven Symphony

lunes, 29 de agosto de 2016

HACE 50 AÑOS El último concierto de los Beatles



El 29 de agosto de 1966 el grupo dio su último show en el Candlestick Park de San Francisco, con poco más de media entrada




Era pleno verano en San Francisco, y sin embargo, en las butacas del estadio Candlestick Park hacía bastante frío ese 29 de agosto de 1966. Eso no les importaba a los miles de fans de los Beatles, particularmente a las chicas, que habían asistido entusiasmadas para verlos en el último concierto programado en su tercera visita a Estados Unidos. Y aunque mirando hacia atrás, con el furor que todavía despiertan 46 años después de que tomaron caminos separados, uno pueda imaginar un estadio repleto con entradas agotadas, esa no fue la realidad. De las 42.500 localidades disponibles, solamente estaban ocupadas unas 25.000. El excorresponsal en Los Ángeles del diario londinense London Daily Express, Ivor Davis, puede dar fe de ello, porque estuvo allí. Enviado por su jefe a cubrir la primera gira que los Beatles hicieron por Estados Unidos en agosto de 1964, Davis llegó a San Francisco para el primer concierto sin imaginar que ese sería el inicio de una larga relación. Su labor no fue sólo relatar cada paso que los fabulosos cuatro dieron por Estados Unidos, sino también convertirse en el escritor fantasma de George Harrison para una columna semanal que se publicaba cada semana en aquel rotativo. Con el tiempo, y a medida que

la fama del grupo aumentaba, pudo conocerles de una forma que hoy sería imposible para cualquier periodista que debe informar sobre una celebridad: “Yo tenía acceso total. Como estaba en el cuarto

de al lado, podía hacerles preguntas cuando lo necesitaba. Paul me traía gin-tonics cuando viajábamos en el jet privado. Yo formaba parte de la familia de los Beatles, y cuando estaban de gira teníamos acceso a ellos durante todas las horas del día”.

El veterano periodista, que hoy tiene 78 años y dedica su tiempo a promocionar por el mundo su exitoso libro The Beatles and me on tour, recuerda vívidamente el concierto en el estadio de béisbol de los Giants, porque él, al igual que los músicos, estaba listo para volver a su casa: “Ellos ya sabían que era el fin de la gira y la única diferencia con los otros conciertos fue que hablaron entre ellos un poco más entre canciones y se hicieron comentarios divertidos en el escenario. La realidad es que ya estaban cansados de las giras y querían irse a trabajar al estudio para hacer música, buenos discos y material de calidad, en lugar de seguir participando de lo que se había convertido en un circo”, recuerda. Es que no sólo debían cantar sus canciones junto a un coro de miles de chicas que gritaban sin cesar, sino que el resultado de lo que tocaban en el escenario dejaba mucho que de­sear: “Mientras hacían las giras la calidad del equipamiento era terrible, parecía una noche amateur. Los Beatles tenían dos personas que llevaban los amplificadores y la mayoría de los estadios en los que tocaban no estaban preparados para música. La calidad en Candlestick Park era terrible. Existen algunas grabaciones que te permiten comprobarlo. Recuerdo cuando les escuché en el Hollywood Bowl. El sonido era espantoso, pero los magos del sonido llevaron la grabación al estudio, la limpiaron y lograron darle calidad de alta definición”, señala.

Testigo directo

“Se perdían en medio de una canción”, dice Ivor Davis, que les acompañaba

Davis también es preciso al señalar que las circunstancias de la gira no fueron las mejores: “Aquella fue la peor de las tres. En 1964 fueron tremendamente exitosos y la del año siguiente también lo fue, pero en 1966 no querían viajar a Estados Unidos. Estaban preocupados. John Lennon había dicho que los Beatles eran más populares que Jesús, y ese comentario generó mucho enojo. Como resultado, los Beatles recibieron amenazas de muerte. Brian Epstein, su mánager, llegó a pensar en cancelarla. Pero era un hombre de palabra y por eso decidió llevar adelante su última gira norteamericana”. El periodista recuerda que en aquella tercera gira, era obvio que los cuatro estaban hartos de los conciertos en vivo: “Para empezar nunca podían escucharse a sí mismos. Muchas veces se perdían en medio de una canción. Le pasó a Ringo, que ya no sabía cual estaban tocando. John me comentó en aquel entonces que nadie iba a los conciertos a escuchar a Los Beatles, sólo les querían ver”, comparte.

Si bien nuestra mirada actual está teñida de nostalgia y de sana envidia por quienes pudieron estar allí, las circunstancias que rodeaban a los músicos más famosos del mundo no eran necesariamente las mejores: “Antes de viajar a Estados Unidos, habían tenido una experiencia muy mala en Filipinas”, recuerda Davis, y agrega: “Les habían invitado a una recepción con la esposa del presidente, Imelda Marcos, Brian se olvidó y no fueron. Imelda se enojó mucho, la gente en Filipinas también y para poder llegar al avión tuvieron que escaparse. En Estados Unidos la gente quemaba sus discos en 1966 y el Ku Klux Klan no les miraba con simpatía”.

En aquella noche de finales de agosto de la que el lunes se cumplirán 50 años, algo había en el estadio que les recordaba a los presentes que no se trataba de un concierto normal. Un camión blindado había sido ubicado con la mayor discreción posible junto al escenario, lo que llevó a muchos a preguntarse si estaba allí para que los Beatles se presentaran ante la audiencia cuando terminaran los números previos. Aunque el espectáculo comenzó puntualmente a las 8 de la noche, pasó un largo rato antes de que los idolatrados músicos aparecieran en escena. Tal como se estilaba en esos tiempos, una sucesión de grupos y cantantes aprovechó la ocasión para tratar de congraciarse con la audiencia: The Remains, Bobby Hebb, The Cyrkle y The Ronettes fueron subiendo al escenario en ese orden. Justo a las 21.27 h aparecieron ellos, y no salieron del camión blindado como muchos esperaban. Tocaron 11 canciones y ni una más: Rock and roll music, She’s a woman, If I needed someone, Day tripper, Babby in black, I feel fine, Yester day, I wanna be your man, Nowhere man, Paperback writer y Long tall Sally. John y Paul colocaron una cámara sobre un amplificador durante el concierto y se tomaron fotografías en las que se les ve con el público detrás. También le pidieron a su jefe de prensa, Tony Barrow, que grabara el concierto con una grabadora común. Barrow olvidó darle la vuelta al casete y, como la participación de los Beatles en el escenario duró poco más de 30 minutos, el único registro sonoro que ha quedado de aquella ocasión el sonido se interrumpe a mitad del último tema. Cuando la actuación terminó, los cuatro se subieron al camión blindado y se marcharon en él del estadio: “Es que de verdad ellos estaban muyasustados”, recuerda Davis, y explica: “Cuando tocaron en Memphis, Tennesse, alguien arrojó un petardo durante el concierto, y no faltaron los que creyeron que le habían disparado a John. La seguridad era algo que en 1966 les preocupaba mas que nunca, y por eso habían decidido marcharse en un camión blindado. En otras ocasiones se fueron en una ambulancia. No querían un auto común. Estaban de verdad muy nerviosos”.



Corto

Tocaron once canciones en poco más de 30 minutos y se fueron en un blindado

Los Beatles nunca volverían a tocar en un estadio, aunque los memoriosos recuerdan que un 30 de enero de 1969 se subieron al techo del edificio de su compañía, Apple, en el centro de Londres, y cantaron durante 42 minutos acompañados del teclista Billy Preston, para ­crear un material que luego utilizaron en su documental Let it be. El concierto improvisado, que generó una verdadera conmoción en la ciudad, fue la última ocasión en que tocaron frente a una audiencia, aunque Davis está convencido que en todo el tiempo que pasó desde Candlestick Park hasta aquel enero no extrañaron los escenarios en lo más mínimo: “Cuando empezaron en Hamburgo tocaban desde las 7 de la tarde hasta las 7 de la mañana, y luego se dedicaron a recorrer todas las ciudades de Inglaterra, Gales e Irlanda. Hicieron cientos de conciertos y por eso estaban hartos. La diferencia es que en Estados Unidos las audiencias eran enormes. Nunca habían tocado ante tanta gente en Europa. En 1965 tocaron frente a 55.000 personas en el Shea Stadium de Nueva York. Durante años fueron soldados que tocaban las mismas canciones”, dice.



Davis, que pasó su vida entrevistando celebridades y ha escrito varios libros, admite que nunca imaginó que el legado de los Beatles iba a perdurar tanto y que 50 años después iba a estar hablando de uno de sus conciertos: “Cuando escribí el libro pensé que se olvidarían de él en un año, pero han pasado tres y sigue generando interés. Ellos mismos nunca pensaron que durarían tanto. Creían que tenían para cinco años, diez si tenían mucha suerte. Para mí, que era un joven periodista, cubrir sus giras y estar con ellos fue una época maravillosa, pero nunca pensé que 50 años después iban a ser la mejor banda que ha existido”, confiesa.

miércoles, 24 de agosto de 2016

el arte no conoce fronteras



Por Marcos Ortiz Andrino.

 Arte Privado, galería de arte  compone un ambiente en el que el arte no conoce fronteras, ya que estas se difuminan para unirse en una voz y una dimensión internacionales en este espacio, que puede presumir de ser la única galería argentina que ha participado en todas las ediciones de ESTAMPA. En  han estado presentes artistas como Joaquín Capa, Irene Bogo, Olga Cáceres,Adrian Dominguez, Rafael Pérez Alegre, Ana Julia Criales, Palmira Garcia Quintana, Aymar De Villele,  Claudia Constanzo, Beroiz Pérez de Rada, Susan Nash, Lola de Iturriaga, Adriana Exeni, Ana Rojas, y Osvaldo Giuliani, entre otros.
 Arte Privado demuestra, su capacidad de crear una perfecta armonía entre fotografía, pintura y escultura, armonía que pone de manifiesto una firme y correcta apuesta por lo nuevo, lo alejado de lo establecido y lo experimental.