sábado, 16 de julio de 2016

En este burdel de Barcelona Picasso pintó a sus señoritas de Aviñón



Se cumplen 100 años de la presentación de la obra que rompió con la tradición pictórica y dio inicio al cubismo
No eran señoritas de casa buena, sino prostitutas. Ni estaban en Aviñón, sino en un lupanar de Barcelona. De hecho, Picasso quiso titular su rompedor lienzo ‘El Bordel de Aviñón’ para disipar cualquier duda sobre el oficio de las damas, aunque su procedencia seguiría generando especulaciones a falta de una palabra decisiva que quedaba omitida: calle.

Hace cien años, el 16 de julio de 1916, que el pintor malagueño expuso en el Salon d’Antin de París una obra que no dejó a nadie indiferente, ni para lo bueno ni para lo malo, y que marcó “un antes y un después” en la historia de la pintura, según señala Lourdes Cirlot, catedrática de Historia del Arte de la UB especializada en arte contemporáneo. “No es solo una de las obras principales de Picasso, sino de todo el arte contemporáneo, el punto de arranque de una nueva estética”. Desde entonces, la puerta al cubismo quedó abierta de par en par.


No es solo una de las obras principales de Picasso, sino de todo el arte contemporáneo, el punto de arranque de una nueva estética
Pero ‘Las señoritas de Aviñón’, como finalmente André Salmon bautizó el cuadro para suavizar su presentación pública, se gestó bastantes años atrás. Concretamente, Picasso terminó su ejecución en 1907, en el mismo París, aunque sus numerosos bocetos preparatorios son anteriores y provienen de otra ciudad: Barcelona.

Palau i Fabre, el máximo experto en el pintor malagueño, dio con la clave del enigma. Contrariamente a la creencia popular y a las apariencias, las señoritas cubistas no son de Aviñón. Picasso visitó por primera vez la ciudad francesa en 1912, cinco años después de firmar la obra. Las primeras pistas que sitúan a Barcelona como la fuente de inspiración del cuadro que cambiaría el arte del siglo XX las dieron los propios protagonistas de la historia. En los años 50 el artista explicó a Palau i Fabre que conocía muy bien la calle Avinyó porque allí pintó cuadros. También Salmon le explicó que puso el nombre definitivo del lienzo en referencia a Barcelona.



Picasso solía frecuentar los prostíbulos de la calle Avinyó
Tras una investigación que culminó pocos años antes de morir y que dejó un libro por hacer, Palau i Fabre llegó a la conclusión de que el burdel del cuadro era Ca la Mercè, situado en el principal del número 44 de la calle Avinyó. “En aquella época, había varios
prostíbulos en esta zona y en la misma calle”, explica el cronista de Barcelona Lluís Permenyer. “Y Picasso, que vivía cerca, solía frecuentarlos, era un mundo que le interesaba”, añade. El experto picassiano se dedicó a visitarlos y solo en uno, el indicado, encontró elementos y espacios reconocibles en los bocetos preparatorios de la gran obra cubista.



De palacete a burdel

Actualmente, el número 44 de la calle Avinyó conserva su aspecto señorial. De hecho, todavía se mantiene en pie el edificio donde Picasso visitó con frecuencia a las señoritas de su famoso cuadro, un palacete del siglo XVII donde vivió la acaudalada familia Villavecchia de origen genovés y que hoy acoge la sede de la Fundació Francesc Ferrer i Guàrdia. E, ironías de la vida, cuando Ca la Mercè cesó la actividad, tomó su relevo una escuela para señoritas, esas sí de mejor cuna, que también utilizó el nombre de la patrona barcelonesa, Nuestra señora de la Merced, cuya basílica se encuentra casi en la esquina.
Una noble puerta de madera flanqueada por dos leones, que hacen las funciones de picaporte, da acceso a un amplio vestíbulo, que antaño vio descender a damas y caballeros de sus carrocerías, y a una amplia escalera que conduce al famoso principal de la casa. Sandra Ballester, secretaria técnica de la fundación, conoce sobradamente la historia del inmueble donde trabaja a diario junto a sus compañeros en un ambiente mucho más relajado

del movido frenesí que vivió el edificio en los primeros años del siglo XX.

Seguro que este edificio (número 44 de la calle Avinyó) fue un prostíbulo
“Dicen que estas puertas salen en algunos bocetos dibujados por Picasso”, comenta Ballester señalando unas altas y anchas estructuras de madera. “Seguro que este edificio fue un prostíbulo”, afirma con rotundidad mientras cruza el piso hacia la parte trasera, la que da a la fachada de la calle Carabassa, decorada con esgrafiados del siglo XVIII de temática mitológica y elementos florales y de vendima. “Aquí hay una ‘carassa’”, indica apuntando con el dedo un punto de la pared, un símbolo inequívoco utilizado para marcar los prostíbulos de la Barcelona de casi todos las épocas.



Otra de las sorpresas que depara la parte trasera del edificio es un coqueto puente que comunica el principal con un pequeño patio donde una magnolia perfuma el ambiente. 



“Picasso tuvo que estar aquí, porque solo desde este puente pudo haber logrado la perspectiva de esta calle que aparece en una de sus obras”, explica la técnica.



De multitud de bocetos al lienzo definitivo

Los dibujos preparatorios de ‘Las señoritas de Aviñón’ muestran mucho más que a cinco mujeres desnudas, seguramente retratadas en verano, cuando el calor invita todavía más a la lujuria. Junto a ellas, aparecen un marinero y un estudiante que Picasso finalmente suprimió del cuadro. “Por razones estéticas decidió eliminar a los hombres”, apunta Permanyer, que recuerda que en los esbozos aparecen “un porrón, símbolo fálico, que también se omite, y un corte de sandía, alegoría al sexo femenino, que sí aparece en el resultado final”.
Para muchos, la obra sería una reflexión del placer sexual y la muerte, aunque su principal hito consiste en proponer una nueva libertad creadora, lo que convertiría a Picasso en el artista más innovador desde la irrupción de Giotto, que a su vez terminó con la tradición bizantinista para dar el punto de salida a la pintura moderna. “Picasso quería romper de verdad y para siempre con la tradición, la manera de pintar académica, y sustituirla por la imaginación, el modelo mental”, explica Cirlot. “Hay una geometrización de las formas que antes no se producía, una esquematización, un gusto por el primitivismo y además descubre el collage, la técnica más revolucionaria del siglo XX y que ha llegado al XXI”, añade.


Del rechazo al éxito

Las primeras críticas no fueron del todo halagadoras. Durante años, el cuadro solo fue visible por artistas y el círculo más cercano a Picasso en su estudio de Bateau-Lavoir. La aceptación fue dispar. Por ejemplo, Matisse, líder de la vanguardia parisina, consideró que se trataba de una burla a la pintura contemporánea y el crítico Leo Stein afirmó que era una gamberrada del joven pintor de 25 años.
Tras su exposición de hace cien años, la obra permaneció unos cuantos más enrollada hasta que en 1924 fue adquirida por el diseñador francés Jacques Doucet por un precio no muy alto, 25.000 francos. En 1937, la pintura formó parte de una retrospectiva de Picasso 

a Nueva York, y allí se quedó, adquirida por el Museo de Arte Moderno por 25.000 dólares, donde todavía permanece bajo el título de ‘Las señoritas de Aviñón’, un nombre que Palau i Fabre rechazaba. El experto picassiano escribió en unas cartas que el cuadro debería rebautizarse como ‘Las señoritas de la calle Avinyó’ y añadía: “Es una vergüenza la tergiversación y que Barcelona continúe aceptándola”. Aunque el resultado pictórico acaba imponiéndose a su origen. “Es una pintura que tiene su punto de partida en Barcelona y el de llegada está todavía por descubrir”, sentencia Cirlot.

jueves, 14 de julio de 2016

HEIL CONDENADO nuevo libro Extraño reclamaciones de Hitler no murió en WW2, pero huyó a Paraguay y murió allí en 1973



El historiador Abel Basti ha hecho las reclamaciones asombrosas, pero no es el único que tiene esta teoría
Hay ciertas figura histórica que invitan teoría de la conspiración después de la teoría de la conspiración, y Adolf Hitler es sin duda uno de ellos.
Autor e historiador Abel Basti ha despertado una vez más las afirmaciones del malvado dictador no murió en un búnker junto a su esposa con un día de Eva Braun el 30 de abril 1945.
Hitler murió de una herida de bala en la cabeza, mientras que Braun fue envenenado por una pastilla de cianuro. Perecieron cuando quedó claro que las fuerzas aliadas habían ganado la Segunda Guerra Mundial y sus cuerpos fueron quemados fuera del bunker a continuación, poner en una tumba poco profunda.
Algunos siguen a disputar estos hechos sin embargo.
En su nuevo libro de Hitler en el Exilio , Basti sugiere el dictador realidad se escapó de Alemania y se dirigió a la Argentina, antes de instalarse en Paraguay.
El historiador alega Hitler fue ayudado por el dictador Alfredo Stroessner, el Presidente del Paraguay entre 1954 a 1989, y, finalmente, murió el 3 de febrero 1971 - cuando él habría sido 81.
Esta es una nueva versión de su libro y ha sido publicada en Argentina.
Basti insiste en que su historia no es tan extravagante como parece.
Sugiere Hitler y Braun podrían haber escapado del búnker a través de un túnel que lo llevó directamente a un aeropuerto, dejando el cuerpo de otro para ser descubierto.
El historiador afirma que un helicóptero hubiera estado esperando por el dictador, lo que le habría llevado a un avión con destino a España. Después de que se hubiera transferido a las Islas Canarias, antes de un submarino lo llevó a Argentina.
"Hubo un acuerdo con los EE.UU. que Hitler se escaparía y que no debe caer en manos de la Unión Soviética,"
"Esto también se aplica a muchos científicos, los militares y espías que más tarde tomó parte en la lucha contra el régimen soviético."
Se afirmaba que Hitler estaba en Argentina durante una década antes de que se trasladó a Paraguay, que es donde Basti cree que murió en 1971.

"Las familias ricas que le ayudaron en los últimos años fueron los responsables de la organización de su funeral," dijo.
"Hitler fue enterrado en un búnker subterráneo, que ahora es un elegante hotel en la ciudad de Asunción. En 1973, la entrada del búnker fue sellada y 40 personas llegó a decir adiós a Hitler ".