Londres se rinde ante Zurbarán: el milagro de pintar la fe para quienes ya no creen
La National Gallery inaugura la primera gran retrospectiva británica de Zurbarán, con préstamos del Prado y reconstrucciones monumentales, revelando su amplitud artística y la vigencia emocional de su obra en clave secular
En Cristo crucificado con un pintor, el artista aparece al pie de la cruz. No pinta. Mira. Como si todo su oficio quedara reducido a ese gesto doble: devoción y técnica, emoción y materia. El pintor pretende ser san Lucas Evangelista, patrón de los artistas. Pero se interpreta más bien como un autorretrato de Francisco de Zurbarán (1598-1664). El genio extremeño no tenía ya casi nada cuando elaboró el lienzo hacia 1650. Aun así, parece juvenil, intacto ante el dolor, la angustia, la amargura o la autocompasión. Más que una pintura, es su testamento espiritual.

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