sábado, 31 de enero de 2026

Cuánto cuestan y cómo comprar las entradas de la Fontana di Trevi

 

Cuánto cuestan y cómo comprar las entradas de la Fontana di Trevi

 

Una de las grandes joyas de Roma será de pago desde febrero de 2026, y si se va a viajar a la capital de Italia a partir de entonces, habrá que adquirir tickets.

La Fontana di Trevi es uno de los mayores iconos de la ciudad de Roma, y de hecho es el segundo monumento más visitado de la capital de Italia, solo por detrás del Coliseo. La gran mayoría habrá visto alguna vez las enormes aglomeraciones que se forman en torno a ella, y por ello, las autoridades locales han hecho de pago a este emblema romano,

A partir del 1 de febrero de 2026, hay que pagar para poder ver la Fontana di Trevi, y por ello es muy importante saber cuánto cuestan los tickets, qué incluyen y dónde se pueden adquirir para poder disfrutar de este auténtico tesoro del siglo XVIII como siempre. Esta medida, impulsada por el propio alcalde de Roma, Roberto Gualtieri, cambia por completo el turismo en 'La Ciudad Eterna', pero no por ello hay que dejar de visitar una de las mayores joyas de toda Italia.

La Fontana di Trevi registra unos nueve millones de visitantes al año, lo que equivale a más de 30.000 al día, y para evitar esas masificaciones, desde el segundo mes del año habrá que comprar una entrada de dos euros para poder acercarse a la fuente. Eso sí, ese ticket solo da acceso al catino, la zona más cercana a este monumento, por lo que pasear por la plaza o contemplar este tesoro desde la lejanía seguirá siendo gratuito.

Las entradas para visitar la Fontana de Trevi en 2026 se pueden comprar a través de una decena de terminales SmartPOS en el propio sitio y en los puntos de venta del Sistema de Museos (y autorizados), así como en los puntos de información turística; además, también se podrán adquirir de manera online a través de la página fontanaditrevi.roma.it, la única web oficial en la que se pueden obtener los tickets. Una vez compradas, en la fuente habrá un operario revisando que sean válidas.

El horario en el que habrá que tener entrada para ver la Fontana di Trevi será de 9:00 a 22:00, aunque las entradas no tienen una fecha concreta para ser utilizadas. Eso sí, los tickets serán gratis para los residentes en Roma, para las personas con discapacidad (y su acompañante), los niños hasta cinco años y los poseedores de la tarjeta MIC, una tarjeta anual que da acceso gratuito y sin colas a los museos cívicos de toda la ciudad.


Junto con la Fontana di Trevi, otros cinco lugares de interés en Roma pasarán a ser de pago a partir de febrero de 2026: el Museo di Scultura Antica Giovanni Barracco, Carlo Bilotti – Aranciera di Villa Borghese, Pietro Canonica – Villa Borghese, el Museo Napoleonico y la Villa di Massenzio; además, desde el 2023 también se tiene que pagar por visitar el Panteón, otra de las joyas romanas.

Fontana di Trevi deberán pagar una entrada de 2 euros


viernes, 30 de enero de 2026

Martin Parr, lúdico y lúcido El Jeu de Paume examina la trayectoria del fotógrafo

 

Martin Parr, lúdico y lúcido

El Jeu de Paume examina la trayectoria del fotógrafo

 

París

 Una de las últimas exposiciones en cuya preparación pudo participar Martin Parr, antes de su muerte en diciembre del año pasado, es “Global warning”, que se abrirá al público el próximo 30 de enero en el Jeu de Paume de París. Es probable que, por eso, sus salas se tiñan de nostalgia, aunque el británico seguramente habría aborrecido esa sensación: sus imágenes, desde los setenta y hasta su fallecimiento, estuvieron marcadas por la ironía, el examen satírico, y no moralizante, de nuestros tics sociales y la crítica evidente pero lúdica.

 Se reunirán en París casi doscientas obras, representativas del conjunto de su carrera, en las que veremos que documentó los síntomas de las que podemos entender por crisis de las sociedades materialmente privilegiadas: el turismo masificado, el consumismo desenfrenado, las dependencias tecnológicas y una relación, cuanto menos, ambivalente con la naturaleza. Hay quien ha apreciado en su humor a la hora de abordar estos asuntos la herencia de la tradición cáustica de su país; una versión de nuestro tiempo de las pasadas guerras visuales británicas contra las convenciones en la representación, en el fondo y en la forma.

 

Su retrato del mundo globalizado, divertido e inquietante a partes iguales, nacía de la recolección de instantáneas en centros comerciales, playas llenas, zoológicos, en exposiciones de vehículos o en las montañas suizas; no importaban demasiado los escenarios, sí los comportamientos que en esos lugares los individuos se dan derecho a desplegar: banales, absurdos y fundamentalmente reveladores.

Su estética es casi inconfundible: se inició en el blanco y negro, pero no tardó en virar hacia los tonos saturados, los encuadres ajustados, la acumulación de detalles y un gusto claro por lo kitsch y los contrastes. Ese estilo, consolidado a lo largo del medio siglo que ha transcurrido desde los setenta, permite una interpretación de su trabajo en varias capas: podemos quedarnos con la anécdota contemplada en la inmediatez, pero también con su constante subversión de los códigos de la elegancia y su desafío a los parámetros de géneros diversos de la fotografía, como la publicitaria, la postal o la de la vida silvestre. Al prestar atención a sus lenguajes, Parr revela su artificio, sus clichés y todo aquello que parecía, en ese tipo de estampas, darse por hecho.

 

Cinco secciones estructurarán esta muestra, atendiendo a temas, motivos y obsesiones recurrentes que, como el artista supo ver en sus últimos años, guardaban una relación honda con la degradación progresiva del medio ambiente, por más que él no mantuviese ningún deseo de activismo.

 Insistentemente nos enseñó cómo las actividades de ocio alteran el entorno; esa unión aparentemente indisoluble que hemos establecido entre el placer y la generación de desperdicios, lo natural y lo artificial. Nos ofreció Parr un inventario crudo y humorístico de nuestros objetos de deseo y nuestros modos de consumo, vistos como expresión de una nueva religión: a través de su objetivo, supermercados, centros comerciales, ferias y exposiciones devienen escenarios de una carrera frenética, y compartida por todas las clases sociales, en la que los mismos seres humanos a veces se convierten en mercancías.

Pero la mayor de sus obcecaciones fue el turismo, que exploró tanto en sus placeres como en sus contradicciones, incluso en sus callejones sin salida. En los lugares más visitados, se centró en los hábitos y comportamientos del turista global, sugiriendo, además, un estudio sutil de los desequilibrios entre hemisferios. En cuanto a nuestra coexistencia con los animales, le interesó la confluencia en el lado humano de la indiferencia y la fascinación, la negligencia y la sobreatención, la violencia y el afecto.

 

También le importaron nuestros lazos, paulatinamente más íntimos, con las máquinas: coches, videojuegos, tragaperras y, en sus últimos años, también ordenadores y teléfonos inteligentes que redefinen nuestra relación con la realidad, el espacio y el tiempo. El mismo Parr concebía sus fotos como una forma de entretenimiento -la que aportan esos dispositivos, como la cámara- que contiene un mensaje serio si uno está dispuesto a leerlo, pero aseguraba no intentar convencer a nadie de nada: Simplemente muestro lo que la gente cree saber, declaraba en 2021. Efectivamente, así eres a menudo, aunque no te veas, parecía decir.

Nunca pretencioso, insistía en que formaba parte del mundo que documentaba y criticaba: Nos dirigimos hacia la catástrofe, pero todos juntos. Nadie se atreverá a prohibir los coches ni los viajes en avión. Incluso conocía su (elevada) huella de carbono y se negaba a adoptar una postura de superioridad respecto a aquellos a quien fotografiaba.

 


Sabedor de que las imágenes por sí solas ya no bastan para transformar el mundo, sí las concebía como cierta forma de resistencia: la de quien es consciente de las derivas generalizadas y de la lejana posibilidad de revertirlas, y nos las enseña. Con ternura y otras cosas.